SAN JUAN: MÁS QUE UNA FIESTA

 Marcelino Javier Gutiérrez Neyra*


    Cada 24 de Junio, desde tiempos que no recuerda la población, en toda la Amazonía se celebra una de sus fiestas más importantes; festividad que simboliza la renovación de la fe con la figura de San Juan Bautista y el poder del agua y el fuego, elementos vitales para el hombre. Por ello, en los diferentes pueblos de la Amazonía, los pobladores acuden a las aguas de los ríos o cochas (lagos) con el fin de sentir el elemento líquido vital que limpiará su ser, se purificará para vivir en armonía con la naturaleza. Por las tardes – noche, alrededor de una fogata se regocija, jugando y haciendo saltos sobre las llamas ardientes de los troncos leñosos, con el afán también de sentir el fuego y agradecer porque ello revitaliza el campo, el bosque se hace más fecundo.

    Indagar en el origen del ritual de San Juan o su fiesta es algo imposible, sus orígenes se pierden en el tiempo, en la historia. El agua, el fuego, las plantas, los animales, el día y la noche son los elementos con los que culturas diversas han celebrado el solsticio de verano[1]. Sin duda, esta creencia de San Juan sigue siendo mágica y misteriosa para los amazónicos, aunque ahora con el crecimiento urbano se la hace ver de manera diferente, como una fiesta de boato y perdición en las nuevas generaciones.

LA NOCHE DE SAN JUAN Y EL SOLSTICIO DE VERANO

    La noche de San Juan, supone la asimilación de los viejos rituales paganos relacionados con el solsticio de verano. Desde épocas muy anteriores a la expansión del cristianismo, el solsticio de verano era considerado como una fiesta importante en las sociedades agrarias.

    En esta época, justo en el tránsito de la primavera al verano, de la siembra a la cosecha, los agricultores solicitaban al Sol que calentase la Tierra para que esta produjera los frutos sembrados en los meses anteriores. El verano era la época de la fecundidad, tanto de la tierra, como de los hombres, ya que al tener más horas de luz para realizar sus tareas, también disponían de más tiempo para la diversión. Era también la época de recoger los alimentos y almacenarlos para el invierno.

    La relación de la noche de San Juan, y todos sus rituales, con el Sol es anterior a la expansión del cristianismo. Parece lógico pensar, que en el momento en  que el Sol brilla con mayor intensidad y los días son más largos, se rindiese culto al fuego, el elemento más estrechamente relacionado con este astro. En la tradición pagana europea, se trataba de un acto de purificación, en que el iniciado debía limpiar su espíritu durante la noche del día 23 de junio, valiéndose del humo y el rocío, para recibir sobre su cuerpo desnudo los primeros rayos del Sol del día 24.

MISIONEROS Y CREENCIAS RELIGIOSAS

    Recordemos que esta creencia fue una más de las introducidas por el afán misionero en la Amazonía, una de las empresas guías más conspicuas de la corona española para dominar a los indígenas, tratando de imponerles creencias ajenas a su tradición, y la moral occidental, además de abrir camino a la ocupación de un territorio que será posteriormente interpretado como despoblado ("agua, verdor y nada más" diría La Condamine en el s. XVIII).

    Los primeros misioneros serán figuras legendarias imbuidas por la utopía de la época. En las Reducciones su método de evangelización será de "tabula rasa”, demonizando las antiguas deidades y creencias, destruyendo con ello todo su aparato sociocultural pero defendiéndoles de los encomenderos, e incorporando, sobre todo los jesuitas, los métodos de producción tradicionales. Se enfrascaron en la tarea de “ganar almas”; bastaba que los indígenas aceptaran el bautizo y el matrimonio por la fe católica.

    Las reacciones a esta práctica misionera no se hicieron esperar. Primero mediante una resistencia violenta; luego los indígenas, dominados por la superioridad armamentística de los españoles, simularon aceptar la nueva doctrina; y, finalmente, se dieron verdaderas conversiones readaptando la antigua cosmovisión a la doctrina cristiana.

COSMOVISIÓN AMAZÓNICA

    Dentro de la mentalidad colectiva, actualmente las creencias populares de la tradición regional tienen un importante nivel de aceptación y difusión, a pesar del influjo de la escuela, los medios de comunicación, profesionales foráneos y los grupos religiosos no-católicos, que presionan a sus miembros al rechazo total de toda tradición considerada como superstición diabólica y no será extraño observar en esta fecha movilizaciones evangélicas en rechazo a la tradicional fiesta de San Juan.

    La relación del hombre amazónico con lo sobrenatural se manifiesta de modo intenso y mantiene vigencia aún en el ambiente citadino donde las relaciones tienden a hacer perder la memoria colectiva bajo la influencia del mito de la modernidad. Son diversas las creencias que perduran en la memoria colectiva amazónica, tal como la creencia en el "Bufeo Colorado" , el "Manchari", el ayahuasca o la madre de las plantas, el “tunche”, el “mal de ojo”, la saladera, el chullachaqui, el yacuruna, el pelacaras o pishtaco, el “juane” que representaría la cabeza del santo San Juan, entre otras.

    La permanencia de estas creencias da vigor a un intenso sentimiento religioso, lo que hace suponer que existe una gran proximidad entre el sentimiento colectivo de la sociedad urbana y el universo mágico-religioso ancestral.

    A lo largo de los más de cinco siglos la Iglesia católica ha pasado a formar parte inseparable del proceso cultural de la Amazonía y del Perú en general. La religión católica es tenida como práctica de fe por la mayoría de la población[2], que la expresa en diversos niveles y modalidades, que Manuel Marzal la interpretaba como un fenómeno de pluralismo religioso que va desde la práctica oficial hasta la popular. De hecho la religión del pueblo ("religiosidad" o "piedad popular", para otros) ha sido reconocida en sucesivas ocasiones por la Conferencia Episcopal, aunque no en todo su alcance y contenido cultural.

    Hoy en día, la Iglesia católica luego de haber realizado un nivel importante de reflexión a partir de la realidad de la región amazónica, ha venido adecuando su acción pastoral a la cultura existente y asumir en todas las dimensiones la multiforme y compleja condición del hombre amazónico y su mundo, a cuya realización integral  trata de contribuir, dentro de su exigencia de caridad y solidaridad, a través de un proceso de inculturación dinámico y creciente.

SAN JUAN Y EL SENTIMIENTO AMAZÓNICO

    El profundo sentimiento religioso de la población amazónica aflora y crece en determinadas fechas, consideradas festivas y que son importantes para su renovación o reafirmación no sólo de su fe, sino que entendemos se revitaliza con su entorno, el bosque,  el río que le ofrece los recursos necesarios para su subsistencia. La Navidad, Semana Santa y el mes Morado son motivos religiosos que concentran a la mayoría de la población en los principales templos católicos de las ciudades. Mientras que en la Fiesta de San Juan Bautista, el patrón de Iquitos, la población se vuelca hacia el distrito de San Juan que atrae a mucha gente, que desde muchos años atrás, la fiesta sanjuanina se centró en este lugar, antes un bosque con caminos hacia el río Nanay, al que acudía la población a bañarse en el día y por la noche al salto de la hoguera; ahora es un populoso distrito que cada año recibe a miles de visitantes que se aglomeran en torno al culto católico, en minoría, y una mayor población en torno a los diversos centros de diversión que ofrecen espectáculos de baile y diversión, por ello más que una celebración religiosa que pasó con el tiempo de ser un motivo religioso primero, para luego desplazarse y ser un día de esparcimiento en los antiguos campos de bosque y playas por San Juan, para ahora llenar la plaza y algunas calles para degustar la comida, principalmente los juanes y la bebida a raudales, con lo cual se le vincula como fiesta de  boato y jolgorio. Navarro Cauper señalaba que desde los primeros años del pasado siglo XX, en la zona de San Juan se organizaban, aparte de los cultos religiosos, alegres y divertidas fiestas sociales y populares amenizadas con pífano (especie de quena pequeña), tambor y bombo.

    Esta celebración que acontece en toda la Región, si bien es cierto ha cambiado bastante en las ciudades, como Iquitos y Pucallpa, es posible que en los pueblos y comunidades se conserve una mayor tradición religiosa, sobre todo donde el catolicismo popular se encuentra muy arraigado y es ocasión propicia para esta manifestación donde se combinan la tradición cultural indígena y la occidental católica. En el distrito de San Juan, en Iquitos, miles de loretanos disfrutan de la fiesta de la comunidad.

    Los indígenas amazónicos creen que el santo Bautista asegura el bienestar para todo el año. En la noche del 23, los pobladores se bañan en el río y danzan alrededor de una hoguera, purificándose para obtener la prosperidad de aquí en adelante. El 24, tras la liturgia católica donde hay sacerdote o animador católico, las bandas de música acompañan a la procesión ejecutando instrumentos de viento y percusión. Luego se baila para derribar la "humisha" (palmera “chonta” cargada de regalos) a golpe de machete, y se come los "juanes". El 25 la fiesta continúa con el llamado San Juan Chico. Se trata entonces de una fiesta popular muy grande. En esta fiesta confluye la sabiduría de los pueblos indígenas con las costumbres católicas traídas por los misioneros españoles. Una noche y un día mágicos, en que se podría jurar que los personajes de las fabulosas leyendas del Perú amazónico van a salir de entre la espesura de la Selva a representar su historia frente a nuestros propios ojos, todo acrecentado por el calor tropical y por la alegría de su gente.

    Según una antigua leyenda, en un lugar cercano a Iquitos, hace muchos años, un miembro de un pueblo se internó en la selva para cazar. Luego de caminar por algunos kilómetros, escuchó el silbido de un ave. Trató de ubicarlo en la espesura, sin lograr hacerlo. La supuesta ave, siguió silbando hasta que aquel bello trino, se convirtió en palabra. Alguien había pronunciado su nombre. Un tanto temeroso y confuso, trató de buscar quién lo llamaba y entonces logró ver entre las ramas de un viejo árbol, la imagen de un santo.

    Regresó rápidamente a su aldea, donde contó a su gente lo sucedido y en la noche, durante su sueño, la imagen se le presentó como San Juan Bautista; quien le manifestó que había sido encargado por Dios para ser el guardián tutelar de la región. El pueblo le erigiría una iglesia y el santo les indicaría los lugares más aptos y la época más adecuada para realizar sus sembríos. Así se iniciaron las celebraciones en su honor.

MÁS QUE UNA FIESTA

    El culto al agua es muy común en la tradición popular. Se creía que a partir de las doce de la noche del 23 el agua era milagrosa, curaba enfermedades y proporcionaba la felicidad. Todas las aguas que se tomaban en la noche de San Juan se consideraban beneficiosas y comentan que antiguamente la gente se bañaba desnuda y en la madrugada del día 24 en el río.

    El culto al árbol y a las plantas se halla también representado en este ritual, la danza alrededor de la humisha así lo representa, y ésta al final les ofrece regalos que se disputan entre los participantes.

    El fuego también tiene su presencia. La hoguera de San Juan se enmarca dentro de las celebraciones y tiene como fundamento el bienestar y la continuidad de la existencia de las familias o grupo social. En otras partes, menos en la Amazonía, es el momento de la recolección de las cosechas.

    La noche siempre ha sido el principal momento para situarnos ante el misterio y la celebración; es un espacio verdaderamente mágico. En esta noche, la naturaleza, el hombre y los elementos del fuego y el agua se disponen a celebrar una fiesta cargada de gran poder y magia. La gente da gracias por un futuro mejor, lleno de bienestar y felicidad, y luego de ello se entrega a la diversión.

El fuego es un elemento purificador, liberador y regenerador, desde antiguo se apelaba a él para librarse de numerosos males, desde la brujería pasando por los malos espíritus hasta las plagas sobre las cosechas. Los leños quemados en las hogueras son considerados purificadores.

En la actualidad también se ha vinculado esta fiesta con la Semana Turística en Iquitos (y la Amazonía en general) desarrollándose una serie de actividades como concursos de danzas regionales, feria de artesanías y bailes populares a cargo de orquestas locales. Sin embargo, la tradición de la velada al Santo, el "shunto" o salto de la hoguera y el corte de la "humisha" aún prevalece y es de prever que dada la tendencia de la población a retomar sus raíces esta fiesta perdure en su memoria y acción colectiva.

BIBLIOGRAFÍA

Barletti, J. 1995. La peruanidad de Maynas. Iquitos: J y M Editores.

Gutierrez, Javier. 1992. Los que llegaron después: Estudio de las religiones no católicas en Iquitos.  Iquitos: CETA

Nimuendaju, Curt. 1978. Los mitos de creación y destrucción del mundo. Riester Juergen (ed).  Lima: CAAAP

Regan, Jaime. 1993. Hacia la Tierra sin Mal, 2da. Edición. Iquitos: CAAAP/CETA/IIAP

Stocks, Anthony. 1981. Los Nativos Invisibles. Lima: CAAAP

*Antropólogo

[1] En el Hemisferio Sur es llamado de “Solsticio de Invierno” y corresponde el día más corto del año, marcando el paso del Otoño al Invierno (al mediodía el Sol alcanza el punto más bajo de todo el año). A partir de esta fecha los días comienzan a alargarse. El solsticio de invierno es celebrado por muchas culturas. En Perú, es el Inti Raymi y la Fiesta de San Juan. En Bolivia, el Willka Kuti, que en aimara significa “la vuelta del Sol” y los chilenos y argentinos se reúnen en la fiesta de origen mapuche We Tripantu. En Guatemala tiene lugar la danza de los voladores, en los que varias personas giran y danzan en torno a una estaca, y en Escandinavia, el festival de Juul.

[2] A la actualidad se puede señalar que más del 70% de la población peruana profesa la religión católica.