¿LOS NIÑOS PRIMERO?

 Una sociedad que no privilegia

el cuidado de sus futuras generaciones

no es una sociedad, es una banda

 

José Álvarez Alonso

 

    Cuando el estado de Israel fue creado en mayo de 1948, a las cuatro horas le declararon la guerra todos los países árabes vecinos. En la primera sesión del Parlamento Israelí en casi 2000 años, y en plena guerra y con amenaza inminente de destrucción por la avasalladora superioridad de los ejércitos árabes, la primera ley que fue promulgada fue sobre educación, estableciendo su obligatoriedad bajo pena y otras medidas para darle la más alta prioridad nacional.

    Hoy el Estado de Israel, a pesar de sus inmensos problemas con los vecinos palestinos y con todos los árabes en general, y a pesar de ser un país pobre en recursos (se asienta en buena medida sobre un desierto) ostenta algunos índices de desarrollo económico y social más altos del mundo: ha registrado más patentes y tiene más premios Nobel en ciencia que todos los países de Latinoamérica juntos; su principal fuente de ingreso se basa en productos intelectuales (desarrollo científico y tecnológico); publica más artículos científicos per cápita que cualquier país del mundo, y en conjunto más que Latinoamérica; exporta más productos maderables –en valor de mercado- que Perú, pese a no tener un árbol; a pesar de tener menos de un millón de ha de tierras cultivables, exporta productos agrícolas varias veces más que el Perú; a pesar de estar en guerra permanente con sus vecinos palestinos, su sistema escolar no incluye instrucción militar ni desfiles de niños, sino que priorizan la ciencia, la matemática, y el pensamiento analítico y crítico. Israel invierte, por cierto, 8% del PBI en investigación y desarrollo tecnológico, mientras que Perú invierte menos del 0.2%.

    Priorizar a la niñez es invertir en el futuro, y anticiparlo para bien. Lo hacen hasta los animales más primitivos: invierten enormes esfuerzos y recursos, y hasta arriesgan sus vidas, por asegurar un futuro a su descendencia. Es la prioridad máxima de la vida: la supervivencia de la especie. No ocurre así en muchas familias humanas, desgraciadamente. Se gastan (derrochan) los limitados ingresos en cosas superfluas como fiestas, vestidos, bebida, etc., mientras sus niños reciben una pésima educación o están desnutridos.

    Cuando un individuo prioriza su propio y egoísta interés por encima del interés de la especie, está en contra la ley natural. Pero si este ser es un ser humano, este comportamiento aberrante está por encima (o por debajo, según se mire) de todas las leyes morales y éticas, y lo que establecen todas las religiones del mundo sin excepción.

    Una de las frases más famosas de Gandhi es aquella que dice: “Un país, una civilización se puede juzgar por la forma en que trata a sus animales.” Yo añadiría que, aún más importante de cómo trata a sus animales, es la forma en que trata y da atención a sus niños, a sus futuras generaciones. Una generación que descuida y maltrata a la niñez, a sus futuras generaciones, está condenada al atraso, a la decadencia, a la degradación, a la involución. Y retroceso y decadencia es lo que los más lúcidos analistas perciben ocurre en algunas ciudades de Loreto, como Iquitos, en la última generación, donde han aumentado de forma alarmante los índices de delincuencia, de drogadicción, de prostitución, de desintegración familiar y de otras lacras sociales, mientras los índices de desarrollo humano (educación, salud, nutrición, etc.) siguen estancados o empeoran (en zonas rurales). Una generación que permite esto será juzgada muy duramente por la historia.

Si se priorizase la niñez, se invertiría mucho más

en educación y salud infantil

¿Son prioridad?

 

La desnutrición infantil en la zona rural

es el más grave problema de nuestro país y nuestra región.

No se invierte ni suficiente ni adecuadamente para solucionarlo.

Evaluando políticas y proyectos

    Una forma de evaluar si algún proyecto o algún funcionario realmente buscan el bien de la sociedad, y no el propio, o tienen una visión de futuro seria, y no se dejan llevar por inmediatismos o populismos baratos, sería preguntarnos: ¿este proyecto o acción busca el beneficio también de las futuras generaciones? ¿Tiene a los niños como primera prioridad?

    Una de las cosas que más admiro de algunos de los países occidentales que conozco (especialmente España y USA) es que los niños son la absoluta primera prioridad en cualquier política de gobierno y en cualquier proyecto. Antes de aprobar ningún proyecto o ley, se evalúa si los niños pueden ser perjudicados, o si otro proyecto los puede beneficiar más. No sale un producto al mercado, o se promueve ningún proyecto si existe el mínimo riesgo de que la niñez sea perjudicada, aún de la forma más leve o sutil.

    Esta política se traduce en normas tan incomprensibles para nuestra cultura como las que prohíben la venta de bebidas gaseosas y comida chatarra (tipo hamburguesa, pollo frito, hot dogs o pizza) en los colegios o cerca de ellos, o colocan gibas para obligar a los vehículos a disminuir la velocidad frente a colegios, y establecen (¡y respetan!) límites de velocidad extremos (de 20 km/hora máxima).

    Por citar otro ejemplo: los vehículos que hacen movilidad escolar en Estados Unidos están pintados de amarillo, y todo el mundo sabe que tienen prioridad para todo: tienen un enorme letrero de stop en el costado del conductor, que se baja cuando el carro se para para recoger o dejar niños. Una norma sagrada es que ningún vehículo puede adelantar a un vehículo escolar cuando está parado con el letrero bajado… Suena a sueño implementar algo así en Perú.

    Podríamos preguntarnos por algunas obras y proyectos en la Región Loreto, si realmente están priorizando a la niñez, y si están considerando el beneficio de las futuras generaciones. Ese debería ser uno de nuestros criterios para evaluar, por ejemplo, los planes de gobierno y las propuestas de los candidatos que ya están comenzando a tocar sus flautas de Hamelín tratando de seducir a los incautos votantes.