CARNAVAL INDÍGENA:
OTRA ETIQUETA EXÓTICA
César Ching Ruiz
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¡Eureka¡,¡eureka! ¡Lo logré!, ¡lo logré! Dijo Arquímedes al salir eufórico de su bañera tras encontrar la resolución a un problema de física. Quizás fue la misma sensación que sintió el presidente regional Iván Vásquez al saber que el río Amazonas engrosaba la lista de las maravillas naturales. Seguido de don Pedrito, funcionarios y espontáneos, el presidente se dio un chapuzón en las refrescantes aguas del río Nanay. Seco y con la cabeza más fría, dijo que el sector turismo, una de sus cuatro llantas (las demás son bio- negocio, madera y petróleo) entraban en emergencia. Esta palabra traducida en política y en planificación sirve para saltar las vallas de una serie de cosas que burocráticamente se consideran trabas. En ese sentido, una serie de acciones que más que espantar, confundir y distorsionar, deben ser hechas con más cuidado con un patrimonio inigualable de multidiversidad que tiene nuestra región. En los días subsiguientes comenzarán una serie de actividades para celebrar el carnaval amazónico. Dentro de la programación está la llegada de grupos de pobladores indígenas para desfilar y mostrar su gastronomía. A este conjuntos de acciones que merece una atención privilegiada lo denominaron Carnaval indígena que a nuestra opinión resulta una etiqueta que linda en lo exotismo que es mayormente a lo que más se acude cuando se quiere interrelacionar a las culturas en un plano intercultural.
EL EXOTISMO COMO ETIQUETA
Como sucede en otros países, al estilo de los coleccionistas que se dedican a preservar especies extinguidas, el turismo en este tiempo folkloriza, tamiza y diseca los contenidos étnicos, olvidando las dinámicas que configuran cualquier saber o elemento de la cultura. Corrían los año 80, una película llamada “Caníbal holocausto” llenaba las salas (en Iquitos se exhibió en el desaparecido Excelsior). El simple argumento consistía en el viaje de jóvenes aventureros hacia el "Infierno verde", para hacer un documental sobre supuestas tribus caníbales que habitaban en la zona. Cuando terminan los días de plazo los jóvenes no aparecen, un antropólogo llamado Monroe viaja a la jungla para investigar qué les ocurrió. Después de un largo viaje encuentra la tribu de los Yacumo, en esa circunstancia se dan un enfrentamiento de pueblos entre ellos los Yanomami. Monroe acude a este pueblo y ahí descubre los restos de los asesinados y comidos por los indígenas. Cintas y cámara que habían llevado estaban casi intactas, y tras hacer un trueque con ellos recuperan las grabaciones y ahí repasa las imágenes más truculentas existentes sobre estos pueblos. Esta película dio pábulo para ser citado por el antropólogo Jorge Gasché en una nota publicada en la revista Amazonía Indígena sobre turismo. Gasché decía que lo que se vende en ese momento exotismo puro. En este plano y acercándonos a esta época, esta semana Survival publicó una foto del pueblo en aislamiento voluntario, los mashco piro en Madre Dios, al mismo tiempo de mostrar el documento gráfico se denunciaba la vileza de la “industria turística” la de dejar relagos en las playas para obligarlos a salir sin tener en consideración el riesgo que ello ocasiona.
LA OTREDAD COMO “MARCADORES ÉTNICOS”
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Considerado como “típicos” (ver en este número la entrevista a Edgar Reátegui) como caminar descalzo, pintarse la cara o vestirse diferentes, dejan para después los universos lingüísticos y culturales para centrarse en “categorizaciones externas” como “indio”, “indígena”, “serrano” y “cholo” u otras más que se producen en función del contexto y el vínculo social establecidos con los “otros”. La cultura que abarca idioma, costumbres y otros elementos que van debilitándose por la aculturización y la globalización. Es así como el riesgo de categorizar y etiquetar eventos como el “Carnaval indígena”, “Canto indígena” o “Danzas típicas” sobre los resultados, debe implicar reflexionar sobre las consecuencias circunstanciales sobre pueblos de connotaciones culturales y idiosincrasia ricas y complejas. Una conceptualización sobre la etnicidad desarrollada gira sobre cuatro aspectos: la dimensión de reconocimiento de la identidad o la autoidentificación que alude al sentido de pertenencia, ii) el “origen común” que tiene que ver con descendencias de ancestros comunes y alude entre otros factores, a la memoria social y colectiva de los pueblos, iii) la cultura con el apego a su pueblo de origen, la organización social y política, el idioma, la cosmovisión, conocimientos y modos de vida y, iv) la territorialidad que estaría ligada a la herencia y a la memoria colectiva de los pueblos, así como a la ocupación de tierras ancestrales y vínculos materiales y simbólicos que se inscriben en ella.
CARNAVAL CRISTIANO
La celebración del Carnaval tiene su origen probable en fiestas paganas, como las que se realizaban en honor a Baco, el Dios del vino, las saturnales y las lupercales romanas, o las que se realizaban en honor del buey Apis en Egipto.
Según algunos historiadores, los orígenes de las fiestas de Carnaval se remontan a las antiguas Sumeria y Egipto, hace más de 5,000 años, con celebraciones similares en la época del Imperio Romano, desde donde se difundió la costumbre por Europa, siendo traído a América por los navegantes españoles y portugueses que nos colonizaron a partir del siglo XV. La celebración del Carnaval es una de las fiestas más populares. Se celebra en los países que tienen tradición cristiana, precediendo a la Cuaresma. Por lo general, en muchos lugares se celebra durante tres días, y se los designa con el nombre de carnestolendas, y son los tres días anteriores al Miércoles de Ceniza. El término carnaval proviene del latín medieval "carnelevarium", que significaba "quitar la carne" y que se refería a la prohibición religiosa de consumo de carne durante los cuarenta días que dura la cuaresma. En ciertos países en que el Carnaval está muy arraigado como celebración popular y ya alejada de su significado religioso.
CARNAVAL CHAYAHUITA
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La religiosa María Dolores García de muchos años de trabajo en comunidades chayahuitas recoge el relato de Julio Carihuasairo Huasanga en Buscando Nuestras Raíces: Historia y Cultura Chayahuita publicado por el CAAAP, hablan sobre el carnaval, “Nuestros bisabuelos no festejaban el carnaval. Todo sucedió un día cuando un hombre fue al monte a mitayar, en medio del camino escucho muy lejos el sonido de bombos y muchas risas de la gente. Armándose de valor, camino al encuentro de ellos, y lo primero que vio fue a un señor que venía soplando la yupana” ¿qué haces? Le preguntó: “Estamos festejando carnaval y queremos que nos acompañes, te enseñaremos los tonos de la fiesta. Ven con nosotros”.
Así los chayahuitas aprendieron a festejar el carnaval de los sacharunas. Prosiguiendo el relato, Julio Carihuasairo Huasanga menciona que cada vez que llega la fiesta golpeamos el bombo, soplamos yupana, el cráneo de venado, congompe y cuerno de toro y golpeamos el cráneo del shihui (especie de oso hormiguero). “Para celebrarlo nos preparamos con tiempo para buscar la comida y la yuca para el masato. La comida y la bebida tiene que ser bastante para que pueda alcanzar para los tres días que dura el festejo. Cuando llega el domingo, los músicos y los hombres que van cortar la humisha van al monte. Antes de cortar el sinamillo o el pijuayo, el mango de la hacha tiene que estar pintada de amarillo y rojo como el brazo del oso hormiguero, de esa forma habrá mucha fuerza y el mango sea duro y no se quiebre.
Mientras van cortando –prosigue- los músicos tocan para que la madre de la humisha no le haga daño. Antes de ser prendida y ser parada la humisha es pintada con las tierras de color amarillo, rojo y blanco, mientras, un grupo de mujeres van trenzando las hojas y otro grupo van pidiendo jabón, fósforo, pilimilis, pañuelos y otras pequeñas cosas”. Mientras la humisha es parada, los músicos siguen tocan los tonos de la carchupa y del murciélago. A partir del medio día los músicos comienzan a tocar el tono de tierra colorada. Cuando se escucha esa melodía los comuneros comienzan a jugar con tierra amarilla, roja y blanca, luego cogen frutos como el achiote, huito y “huayito” de miskipanga. Así juegan hasta que caiga la tarde. “En la noche los músicos tocan el tono chosna para que la gente no duerma y amanezca sin dormir” termina relatando Carihuasairo Huasanga.
EL CARNAVAL EN LOS TIEMPOS MODERNOS
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En nuestra ciudad se juega especialmente los domingos. Antaño en los clubes sociales se realizaban fiestas con disfraces. Los desfiles incluían al Carnavalón, la vaca loca, comparsas y carros alegóricos que recorrían la ciudad. La fiesta terminaba el día miércoles con el entierro del Carnavalón. Hoy en día, hay lugares célebres por sus festejos tradicionales y espectaculares, que atraen al turista y al amante de las costumbres de cada sitio, como lo son el Carnaval de Río, el de Santa Cruz de Tenerife, el de Oruro en Bolivia, el de Corrientes en Argentina y el de República Dominicana, con sus distintas expresiones, desde el Vegano hasta el de Santo Domingo. En su texto El lenguaje de la pasión, Mario Vargas Llosa cuenta su afiebrada y frenética experiencia de asistir al Carnaval de Río en su nota La erección permanente. El escritor menciona que si toda la humanidad viviera la fiesta de carnaval habría menos guerra, prejuicio, racismo, fealdad y tristeza en el mundo, aunque sí –afirma- habría más hambre, disparidades, locura que la fiesta consigue dotar, gracias al ritmo, colorido y efervescencia contagiosa que logra que todos los participantes prácticamente entren en estado de trance. El espectáculo según el escritor, recuerdan en la historia a las grandes celebraciones paganas, las fiestas báquicas, sobre todo aquellas fiestas dionisiacas con sus libaciones desenfrenadas para sofocar el instinto de supervivencia, pero también en su realización se juegan millones de dólares en la fabricación de disfraces y las carrozas para el desfile, con un presupuesto estatal destinados a las orquestas, fuegos artificiales y premios. Exotismo es una actitud cultural de gusto por lo extranjero. Pero en nuestro caso, una connotación negativa del exotismo se puede encontrar por un lado desde la perspectiva de la otredad amenazante o bien de la otredad puesta como objeto de deseo, estereotipos elaborados sobre la base de una visión romantizada del otro hacia lo exótico, que está en el origen del mito del buen salvaje.
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