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JAVIER DÁVILA DURAND

(Iquitos, 1935-)

 EL RÍO MARAVILLOSO

 

Ya corres serena, ya ávida, te ondulas,

fuente desbordada de medias noches.

Tu cuerpo de serpiente en celo

me inocula veneno que me agoniza.

 

Dicha de fuego tu quejido,

de estruendo de ola,

de lagarto herido,

de ave aplastada por un muro,

de rosa que el colibrí le inicia la mañana.

De repente de río

de piedras luminosas

y en fango de limo

efervescente;

de repente felino

sobre la ardua paloma

acorralada.

 

Horda de besos tatúan sangre en la piel,

jauría que se sacia arrancándonos los ojos,

las uñas desiguales,

el corazón fuera de órbita

y una acabada angustia

que se iza de trapos perfumados.

El culpable es un héroe

y ese grito fraguado en usina de flores

que la patria del amor libera.

 

El amor se descalabra

en un río

de espuma,.

¡Un río que los dos vulneramos

suavemente!