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El pueblo del huito en peligro

Manuel Martín Brañas

“Buenas palabras y malos hechos

engañan a los locos y a los cuerdos”

                                    Anónimo

 

    El pueblo ticuna se asienta sobre los territorios que conforman la triple frontera de Perú, Colombia y Brasil. En el Perú, según los datos proporcionados por el Ministerio de Cultura, su población asciende a unas 8.000 personas, distribuidas en 41 comunidades en el departamento de Loreto, en las provincias de Mariscal Ramón Castilla y Putumayo.

    Es muy probable que el nombre del pueblo provenga de la lengua tupí y se derive de las raíces tic-, que significa “hombre”, “cuerpo” o “rostro”, y –una, que significa “negro”, en referencia a la costumbre tradicional que los ticuna tenían de pintarse todo el cuerpo de negro, utilizando el jugo extraído del fruto del huito Genipa americana (Villarejo, 1988; Sampaio, 1955). Otras posibles interpretaciones señalan que la raíz tic- provendría del término tupí “ticu”, que significa “líquido” (Barboza Rodríguez, 1903).

    Las primeras noticias que tenemos del pueblo ticuna son las proporcionadas por el jesuita Cristóbal de Acuña en 1641, en las crónicas del viaje realizado en 1639 junto al militar portugués Pedro de Teixeira. El portugués fue el primer europeo que realizó, en sentido inverso, el famoso viaje de descenso de los ríos Napo y Amazonas, protagonizado en 1541 por Orellana y cincuenta de sus hombres. Teixeira partió de Belén do Pará el año 1637, concluyendo su travesía un año más tarde, en la ciudad de Quito.  A su regreso, ahora sí, siguiendo la misma ruta que Orellana, fue acompañado por el misionero jesuita Acuña, a quien la Real Audiencia de Quito le había encargado explorar los territorios, informarse de las naciones que los habitaban y, posteriormente, relatar todo a los representantes de la corona española y el Consejo de Indias.

    Estos viajes exploratorios sirvieron para que gran cantidad de colonos se asentaran progresivamente en los territorios del pueblo ticuna, utilizando la política del terror para abrirse paso entre ellos. Los ticuna afrontaron de manera honrosa la disputa del territorio entablada entre la corona española y la portuguesa, acomodándose y adaptándose a los procesos geopolíticos acaecidos en sus territorios ancestrales. En algunos casos mostraron un acercamiento a los jesuitas y sus misiones, debido sobre todo a que ofrecían una cierta protección frente a las correrías de los portugueses, que esclavizaban a los pueblos ubicados en la zona; en otras ocasiones sus alianzas fueron indistintamente con los militares españoles o portugueses, con el fin estratégico de acabar con sus enemigos étnicos tradicionales. Esta capacidad de adaptarse a la realidad la vemos también en otros pueblos amazónicos, siendo una de las características que han favorecido su supervivencia en tiempos críticos como los de la conquista europea.

    Los ticuna no fueron ajenos a las posteriores oleadas extractivas que trajeron miles de personas foráneas a sus territorios. La época de extracción de las gomas trajo explotación, violencia y represión sobresus comunidades, pero el talante y adaptabilidad de un pueblo milenario como el ticuna, les permitió superar una de las épocas más oscuras de la historia amazónica, también otras que se sucederían posteriormente.

    La historia de expolio, violencia, olvido y marginación no es exclusiva del pueblo ticuna y ha sido una constante en todos los pueblos indígenas desde la llegada, hace quinientos años, de los primeros europeos a la Amazonía. Hoy en día, las dinámicas de agresión han cambiado, se han vuelto, de alguna forma, más sutiles, pero los efectos no dejan de ser trágicos y traumáticos para muchos de los pueblos que conviven permanentemente y de manera casi endémica con políticas inadecuadas, ineficiencia del estado y desconocimiento e indiferencia generalizada de la población.

    El pueblo ticuna enfrenta hace dos décadas un nuevo flagelo que está rompiendo la estructura vital de sus comunidades y que está poniendo en peligro su probada capacidad de adaptación. La proliferación de los cultivos ilegales de coca en la cuenca baja del río Amazonas, ha supuesto una oportunidad económica para muchas familias ticuna que, cansadas de esperar la presencia de un estado esquivo y vertical, han abrazado los beneficios efímeros que este cultivo les proporciona.

    El cultivo ilegal de la coca ha supuesto una importante inyección económica para las comunidades de la zona, pero ha traído consigo la ruptura de los procesos tradicionales de transmisión de conocimientos, el abandono de las prácticas tradicionales vinculadas a la agrobiodiversidad y la depreciación de su identidad como pueblo. El pragmatismo nos podría llevar a pensar que este proceso es también parte de una adaptación a una nueva realidad, sin embargo, no debemos caer en este error, ya que el proceso está socavando de manera profunda e irreversible los valores éticos y la identidad de los ticuna, sin los cuales, su existencia como pueblo, no tendría ningún sentido.

    Las nuevas dinámicas generadas por los cultivos ilegales en la zona empapan el día a día de las comunidades ticuna, incidiendo sobre todo en las actividades culturales vinculadas a la agrodiversidad. Sin duda, esto se constituye como un factor importante que pone en peligro la existencia del pueblo ticuna y que se refleja en la constante pérdida de los conocimientos tradicionales sobre la agrodiversidad y el debilitamiento de la identidad de grupo en la zona.

    Los más vulnerables son como siempre las mujeres y los jóvenes, que se sumergen en un torbellino de violencia y dependencia que carcome los cimientos de la cultura ticuna. El problema, a pesar de lo que nos quieran hacer creer, no se focaliza exclusivamente en las comunidades situadas cerca de la frontera, también se focaliza en aquellas situadas en el distrito de San Pablo, a mitad de camino entre Pebas y Caballococha.

    La ineficiente política de erradicación, unida a la débil presencia del estado, la inexistente política de fronteras y la ausencia de proyectos alternativos adecuados a la realidad cultural y geográfica de un pueblo como el ticuna, son las causas de un crecimiento incontrolable de la actividad ilegal en toda la cuenca baja del Amazonas.

    Las actividades ilegales se alimentan de la necesidad y la marginación. Hoy en día, por ejemplo, en pleno siglo XXI, es casi imposible comunicarse con las comunidades ticuna que se ubican a dos o tres horas de Caballococha. La ausencia de comunicación favorece las actividades ilegales, impidiendo que una serie de emprendimientos comunales (tejidos tradicionales, productos derivados de la yuca, frutos nativos, etc.) puedan llevarse a cabo fácilmente. La atención sanitaria cercana en estas comunidades es inexistente, al igual que los sistemas de potabilización del agua o energía sostenible. La modernidad (no el desarrollo propio sostenible), que se vive en las comunidades ticuna del bajo Amazonas tiene hoy como exclusivo sustento económico el cultivo ilegal de la hoja de coca.   

    Millones de soles han sido destinados para la erradicación de la hoja de coca en la zona, pero los resultados positivos logrados son escasos. La guerra contra los cultivos ilegales no se gana con la publicación anual de informes llenos de cifras inconexas con la realidad, se gana con actividades adecuadas, voluntad férrea, articulación institucional, participación comunal y acompañamiento permanente a las comunidades. Ya saben, se gana con menos palabras y buenos hechos.

 

  

APRENDAMOS A VOTAR POR

NUESTRA AMAZONÍA

  Gabel Daniel Sotil García

    Debemos entender que entregar nuestro poder de decisión política personal a un representante que no garantice una gestión a favor de los intereses de nuestra región, en la diversidad de aspectos que comprende su compleja realidad, es echar a perder un bien moral concedido por la sociedad para vivir humanamente. Es un acto de tremenda irresponsabilidad votar alegremente por quienes actuarán en contra de nuestros intereses amazónicos.

    El comportamiento que normalmente viene mostrando el alcalde, el gobernador y el congresista, elegidos por el voto popular, es el de ponerse al servicio de intereses muy ajenos a los de quienes los eligieron. Porque, luego de elegidos, tomarán decisiones que solo satisfarán a quienes tienen el poder político y económico, marginando, para todo efecto, los intereses de sus electores.

    Hasta ahora, ese es el proceder normal: una permanente burla a los electores, que verán que las promesas que le hicieron simplemente pasan al olvido, hasta que se reaviven en el próximo proceso eleccionario.

    Por ello es que necesitamos educarnos en una nueva manera de ejercer los derechos políticos-sociales para dar paso a un nuevo tipo de democracia, en el cual nuestros representantes antepongan los intereses regionales, de mayor trascendencia, a los personales o de sus movimientos y partidos políticos.

    Bien sabemos que, desde los más altos niveles del poder político, se viene permitiendo y favoreciendo  profundas inequidades entre lo rural y lo urbano, una acentuada desnutrición de la niñez, la pobreza y extrema pobreza de un amplio sector social, un indetenible proceso de depredación de nuestra región: la irracional tala de los bosques primarios, el cambio de uso del suelo amazónico, la contaminación de ríos y cochas por la ineficiente aplicación de la tecnología de explotación del petróleo, el dragado de los lechos de los ríos para la extracción de oro, el uso de plaguicidas para imponer los monocultivos, el vertido de los residuos sólidos en áreas cada vez más extensas de bosque aledañas a las ciudades, el vertido de las aguas servidas citadinas directamente a los flujos acuáticos,  el arrojo de grandes cantidades de productos químicos derivados de las actividades del narcotráfico, la carencia de programas de uso sostenible de nuestros recursos, el deterioro indetenible de las condiciones de vida en las unidades demográficas de la región, etc. Es decir, todo un universo de agresiones que, por lo general, pasa desapercibido para los aspirantes a políticos.

    Políticos cuya única meta es hacerse del poder para sus propios beneficios, haciendo ofertas sin mayor trascendencia.

    Con una labor complaciente con los grandes capitales y poder político, una vez elegidos, actúan con una proverbial indiferencia frente a dichos problemas y agresiones a nuestra Amazonía, aunque en el acto de conquista de las simpatías ciudadanas hayan hecho las más demagógicas ofertas de solución y atención de las necesidades sociales.

    Entonces, se hace necesario educarnos para elegir a representantes que tengan sensibilidad y  compromiso, más allá de los límites partidarios, para luchar por mejores condiciones en las decisiones que se tomen respecto a nuestra región.

    La visión mercantilista que se ha cernido sobre la Amazonía desde los ojos de quienes tienen los poderes económico y político en nuestro país, viene, de una u otra manera, condicionando acentuadas actitudes de indiferencia, distanciamiento, frialdad frente a las diversas agresiones que se nos infiere en nuestra diversidad cultural, lingüística, económica, geográfica, biológica y ecológica, sin que nuestros sucesivos representantes en el poder político se hayan dado por enterados de las mismas.

    Por ello es necesario que votemos por quien nos dé la oportunidad de contribuir con el engrandecimiento de nuestra Amazonía. Por quien valore nuestra diversidad cultural, lingüística y biológica. Por quien trate a los Pueblos Indígenas con respeto, con equidad, valorando sus formas de vida y dándoles la oportunidad de poner al servicio nacional toda su sabiduría ancestral. Por quien vea en Loreto su enorme potencial rural con toda su riqueza para nuestro bienestar. Por quien posibilite la búsqueda de dar a nuestros recursos el mejor beneficio para quienes vivimos en esta región.

    Es necesario, por lo tanto, que los actuales postulantes, más allá de sus grandes deseos por ser representantes político-sociales, transmitan claridad de valores y actitudes que garanticen luchar por nuestros intereses amazónicos. Por lo menos exijámosles conocimientos sobre nuestra realidad, pues serán necesarios cuando tengan que tomar decisiones.

    Esta, que es una desesperante deficiencia personal y partidaria, debería ser subsanada por la institución política que los promueve como condición para que puedan actuar en representación de sus partidos o movimientos.

    En verdad, este descuido refleja que la praxis política en nuestra región no es seria, responsable, comprometida. 

    Estando a las  puertas de un nuevo ciclo político electoral, considero que debemos afrontarlo de una nueva manera.


NO OLVIDEMOS:

    NUESTRA AMAZONÍA MERECE SER REPRESENTADA POR PERSONAS POLÍTICAS QUE ENCARNEN LOS MÁS GRANDES IDEALES ÉTICO-MORALES E INTERESES SUPERIORES DE NUESTRA REGIÓN CON SENSIBILIDAD, COMPROMISO Y VISIÓN DE FUTURO.