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Un poco de tolerancia en nuestras vidas

Manuel Martín Brañas

 

 “Aunque toda sociedad está basada en la intolerancia,

todo progreso estriba en la tolerancia”.

                                                    George Bernard Shaw

 

    El Perú se caracteriza por ser un país poco tolerante. Paradójicamente, es uno de los países que más diversidad cultural presenta y que, por lo tanto, debería, después de ciento noventa y seis años de vida republicana, haber aprendido a tolerar la diversidad,  enriquecerse de ella y construir una sociedad más igualitaria y justa. Esto no ha sido así. Hoy en día todos sufrimos las consecuencias.

    Durante las últimas semanas hemos sido testigos de una avalancha de insultos, marchas, contramarchas, dimes y diretes acerca de un tema que ha sido superado hace mucho tiempo en otros países. La causa de todo, la modificación anunciada por el gobierno del currículo nacional escolar y la inclusión de temas que fortalecen la igualdad de géneros y la tolerancia. De manera dirigida, hemos visto como los términos “ideología”, “género”, “sexualidad” y otros muchos más descabellados y desentonados, inundaban los medios nacionales. He escuchado comentarios sobre los daños que esa modificación curricular causaría en las niñas y niños peruanos, he sido testigo de insultos y amenazas de muerte, de mensajes detestables e imágenes vejatorias en las redes sociales. Una gran nube de humo que solo esconde nuestra intolerancia e incapacidad de aceptar al otro en su plenitud y diferencia y que como siempre es manejada al antojo de políticos interesados y prensa sensacionalista.

    No podemos tapar el sol con un dedo. No podemos disfrazar la realidad y presentarla como si fuera estática e inmutable. Abordar la identidad e igualdad de géneros en la escuela es fundamental, sobre todo cuando hablamos de un país donde la discriminación y la violencia sistemática contra la mujer es cosa de todos los días. La escuela es el lugar donde nuestros hijos aprenden a relacionarse, a comunicarse de manera respetuosa con los otros, debe ser también el lugar donde se cultiva la tolerancia y el respeto a los demás, sin tener en cuenta diferencias de raza, sexo, religión u orientación sexual. La escuela debe ser el lugar donde los niños empiezan a entender lo que significa la libertad personal y donde empiezan a comprender el mundo que les rodea.

    Pero sin duda alguna, ha sido la posible inclusión de los temas relacionados a la orientación sexual en el currículo escolar la que más llagas ha hecho brotar estas últimas semanas. El razonamiento absurdo de que enseñando a los niños lo que significa la orientación sexual solo lograremos cambiar la suya propia es, perdónenme que lo exprese de esta manera, una cantinflada. Existen infinidad de estudios científicos que demuestran que la orientación sexual del individuo se determina en el útero materno por una serie de factores genéticos e interacciones entre las hormonas y las células del cerebro. Nuestra orientación sexual viene de fábrica, que nadie intente decirnos lo contrario. La escuela es el lugar idóneo para empezar a comprender que las personas somos diferentes, que hay que proteger estas diferencias y permitir a cada uno vivir de acuerdo a lo que marca nuestro cerebro, sin dañar al otro, aportando nuestras ideas y diferencias para el bien de la sociedad. El desconocimiento de todos estos asuntos hará vulnerables a nuestros niños, generará intolerancia y marginación, permitiendo que las hienas mediáticas de siempre devoren sus ilusiones y los encierren en una burbuja de odio y desconocimiento.

    Asumo que este pequeño escrito no será del agrado de muchas personas. Al momento de finalizarlo todavía no conozco si será del agrado de los editores y si llegará finalmente a los lectores. La tolerancia debe ser ante todo un acto de fe, debe mover nuestras vidas y nuestros sueños, lejos de ideologías y religiones. Tal vez Albert Einstein tenía razón, es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio, sin embargo, no cejaremos en el intento.

 

 

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EL VIAJERO ENLATADO

    Las aspiraciones del pueblo de Iquitos de tener un precio accesible se pierde en la noche de los sueños. Tanto, que le sirvió al entonces candidato Alan García como muletilla electoral de ofrecer los pasajes sin impuestos para abaratar los costos. Llegado al poder en su segundo mandato, por cierto que no hizo nada.

     Desde el año pasado, apareció en el firmamento de los cielos amazónicos la nueva quimera de los vuelos baratos. Una nueva aerolínea de bajo costo ofrecerá vuelos desde S/ 60.00 el tramo. Inicialmente volarán desde Lima hacia Arequipa, Cusco, Chiclayo, Iquitos, Piura, Tarapoto y Trujillo. Viva Air Perú iniciará operaciones en el país ofreciendo por trayecto pasajes a tan solo 59.90 soles incluidos impuestos y tasas aeroportuarias.

    En el colmo del entusiasmo los directivos de la empresa dijeron “Con nuestros precios bajos, el compromiso con la seguridad y la puntualidad, realizaremos millones de sueños de los peruanos para que finalmente tengan la oportunidad de ahorrar tiempo y dinero para disfrutar más el destino”. La aerolínea de bajo costo planea transportar más de 700 mil pasajeros en su primer año de operaciones, y para ello cuentan con dos aeronaves Airbus A320 para transportar cada una a 180 personas por vuelo. Los pasajeros podrán llevar equipaje de mano de hasta 6 kilos sin costo alguno.

    A 10.000 metros de altura, las aerolíneas libran la penúltima batalla de la era de los vuelos baratos. El precio se ha convertido en la verdadera fuerza de gravedad y la tradicional separación entre clase turista y preferente ha saltado por los aires. En medio de la contienda, el viajero con billetes económicos experimenta la imposibilidad física de viajar mínimamente cómodo en clase turista.

    Calculadora en mano, recogiendo experiencias de otros viajeros, lo dicen: la penitencia por unos billetes cada vez más reducidos. Pues el verbo pagar se conjuga en presente y en futuro dentro del fuselaje de un avión. Hoy se paga por escoger un asiento en la salida de emergencia, por el equipaje, por embarcar en primer lugar, por seleccionar un aeropuerto, por beber un café, por cambiar el billete, por conectarse para leer la prensa, por la almohada; se paga por casi todo. Pero en el mañana (ya hoy) se pagará aún por más cosas. Cada vez más aerolíneas cobran el alcohol y la comida en los viajes de largo radio (uno de los servicios históricamente gratuitos en un vuelo). Además habrá que pagar también por el compartimento de equipaje.

    El primero en adelantarse a la pegada, fue la compañía LATAM Airlines. El Grupo estima que aumentará en 50% la cantidad de pasajeros transportados hacia el 2020. El cambio se aplicará, a partir de 2017, en forma progresiva para los vuelos domésticos de Chile, Colombia, Perú, Ecuador, Argentina y Brasil. La empresa asevera que habrá tarifas disponibles hasta 20% más baratas en vuelos domésticos y afirma que este cambio le permitirá ser competitivo y asegurar la sustentabilidad de las empresas. El nuevo modelo que ofrecerá la compañía implicará que el pasajero elegirá la tarifa según el tipo de viaje que realice, así como servicios adicionales que este requiera: viajar únicamente con equipaje de mano sin costos adicionales o agregar maletas en bodega.

    Agregan que este modelo busca satisfacer las necesidades del pasajero actual que valora que el viaje sea expedito, sencillo y eficiente, ser dueño de sus propias decisiones y tener las herramientas para influir activamente en su experiencia de viaje para hacerlo a la medida, pagando sólo por los servicios que va a utilizar.

    Los entendidos en la materia, por los resultados económicos, es la evidencia de una certeza. “La competencia resulta tan feroz que el beneficio se saca en los céntimos”, apuntan. Esa búsqueda del céntimo contrasta frente a los libros de contabilidad de un sector que ganará este año 28.500 millones de euros, según las estimaciones de la Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA, por sus siglas inglesas). Y que si mira hacia atrás ve que estos últimos tres ejercicios han sido los mejores de su historia.

    Poco importa. Las aerolíneas han aprendido a “desempaquetar el servicio aéreo”. El nuevo viajero loretano del low cost aprenderá a pagar por prestaciones nuevas, les cueste mucho (facturación del equipaje) o nada (asiento de ventanilla). Esta tendencia [pagar por multitud de servicios] ha llegado para quedarse porque resulta muy atractiva financieramente para las compañías.

    En un aterrizaje forzoso de las ilusiones, la aerolínea low cost Viva Air Perú indicó que su tarifa de S/ 60.00 por tramo es para vuelos de 30 minutos y que empezará a ofrecer los boletos desde abril del 2017 y en mayo surcará los cielos peruanos. La interrogante, si el vuelo a Lima es de 1 hora y 30 minutos, calculadora en mano ¿será barata? C.CH.

 

 

APRENDIENDO A VOTAR POR

NUESTRA AMAZONÍA

 Gabel Daniel Sotil García

    Uno de los aspectos al cual no le hemos dado mayor importancia en nuestra región es el relativo a formar un consenso regional en cuanto a nuestro futuro social.

    Hemos dejado que, por generación espontánea, sucedan los eventos sociales y culturales, fuera de nuestro control o bajo el control exógeno, como si consideráramos que la historia sucede por inspiración divina, por interés de foráneos y no por voluntad de los pueblos.

    Hasta hoy no me ha sido evidente la necesidad de poner bajo control determinado tipo de acontecimientos que expresen las preocupaciones por nuestro futuro colectivo; que nos lleven a plantearnos una visión racional de la sociedad o sociedades que queremos construir con nuestro esfuerzo de hoy, dado y considerando que somos una región de prodigiosa multiculturalidad.

    La consecuencia de todo ese esfuerzo omitido es la ausencia de una clara visión de lo que queremos ser socialmente, lo que, por cierto, nos impide coordinar nuestros esfuerzos, hacer sinergias sociales, para dirigirnos hacia un futuro deseable y compartido por todos los que vivimos en esta región.

    Hasta hoy, también, la clase política regional, en su diversidad de movimientos y partidos  no han sido conscientes de esta necesidad, pues, o han trabajado para sus partidos y movimientos o nunca buscaron la articulación de sus esfuerzos en favor de nuestra Amazonía, salvo acciones con etiqueta de “regionalistas”.

    En esto, el referente con mayor relieve son los congresistas elegidos. Aislados del conjunto social, enfrentados entre sí o con la población, una vez en la capital nacional olvidaron sus raíces y sus compromisos. Restringieron su accionar a formalidades que nunca llegaron a los problemas raíces. Solo se preocuparon por mantener un cierto perfil, las más de las veces incoloro, desapercibido pero siempre esperando la nueva oportunidad que llegaría con las siguientes elecciones, en que intentarían renovar sus promesas ficticias a los pueblos y electores loretanos.

    Pero, de cambios y logros sociales, políticos, culturales, económicos trascendentes, nada.

    Sí, así como lo lee: NADA.

    Pero sí, sonrisas, agradecimientos efusivos a quienes los eligieron y nada más.

    Los únicos cambios que han habido en nuestra Amazonía han sido el crecimiento incontrolado de los núcleos urbanos, el despoblamiento indetenible de las áreas rurales, las agresiones irracionales a nuestro bosque (contaminación, tala, derrames petroleros, destrucción de la flora y fauna, etc.), el debilitamiento de las culturas de los pueblos originarios y sus respectivos idiomas, el arrebato de sus territorios, etc.

    Por su parte Gobernadores y Alcaldes de todos los niveles, tampoco han tenido una labor socialmente significativa. Han llevado a sus cargos las deficiencias de su formación cívica, derivada de las deficiencias educativas, que solo les han proveído de una visión sesgada, tergiversada, racista, parcializada tanto de sus funciones como de la realidad amazónica. Para muchos de ellos ha sido inevitable el encontronazo con la justicia.

    Por todo ello es que nos es urgente que al momento de elegir votemos por alguien con visión de futuro, que tenga sensibilidad frente a nuestros problemas, con visión integral de Amazonía.

    Que sea capaz de liderar, impulsar, un nuevo nivel organizativo de las fuerzas psicoculturales subyacentes en los pueblos indígenas y mestizos de nuestra región. Alguien que nos posibilite empezar a construir un futuro en el que cada cultura amazónica se sienta protagónica de su construcción como particularidad y contribuyente de un futuro común como región.

    Por ello es necesario, amigos loretanos, que cambiemos nuestros criterios de elección. No debemos seguir eligiendo por simpatías afectivas o compromisos con partidos que solo buscan seguir disfrutando del poder.

    Debemos emitir nuestro voto previa reflexión, pues ese voto es oro para nuestro futuro. Oro que se vierte en el verdor de nuestro bosque y la diversidad de culturas y pueblos originarios y mestizos.

    Debemos tener en cuenta que la construcción de ese futuro implica luchar por la defensa y preservación de nuestro patrimonio poblacional, cultural y lingüístico, su riqueza geo-ecológica y paisajística, el fortalecimiento de nuestra identidad histórica y pluricultural, así como su descolonización psico-política e ideológica.

    NUESTRA AMAZONÍA MERECE SER REPRESENTADA Y GOBERNADA POR PERSONAS POLÍTICAS QUE ENCARNEN LOS MÁS GRANDES IDEALES ÉTICO-MORALES E INTERESES SUPERIORES DE NUESTRA REGIÓN CON VISIÓN DE FUTURO.