LA MUERTE LÍQUIDA

 

    A Umberto Eco, el desaparecido semiólogo y escritor le habría parecido irónico, más no le habría extrañado que tras su fallecimiento a los 84 años hubiera sido objeto de pésames espontáneos en las redes sociales, tras lo cual se difundirían enjundiosos obituarios que exigen la ocasión. El autor de El nombre de la Rosa nunca tuvo una cuenta e hizo pública más de una vez, la mezcla de recelo y desprecio que sentía por las redes virtuales. Eco en vida (y después de) ofició de aguafiestas, si es que no, de viejo gruñón en cuanto a lo tecnológico.

    Eco transmite al lector su pesimismo respecto de la orientación e irrelevancia que las señaladas plataformas dan al debate público. Basta revisar notas suyas para comprobarlo y hablando de comparaciones. El semiólogo comparó a Twitter, con un bar donde cada quien se desahoga a su gusto. A su entender, todo esto reflejaba la naturaleza líquida de la comunicación en estas últimas décadas. El comentario de Eco deviene del célebre título de Zygmunt Bauman, La modernidad líquida. Bauman, recientemente fallecido, se interrogaba ¿Qué podría sustituir la licuación de estos tiempos de crisis, de incertidumbre, de desconfianza, donde no sólo los individuos, sino la sociedad misma  vive un proceso continuo de precarización?

    En este clima de dependencia que alcanzan los medios sociales, la semana pasada un “‘malware” recorrió el mundo. Más de 75,000 ataques del ‘ransomware’ conocido como ‘Wanna Cry’ afectó los sistemas Windows cifrando todos sus archivos y las unidades de red a los que estén conectados. 99 países alrededor del mundo fueron afectados entre el viernes y el sábado. Los primeros reportes señalaron la afectación a varias instituciones, a una central de Telefónica en España, a los sistemas de hospitales en Inglaterra, donde se cancelaron citas médicas como consecuencia, y a redes ferroviarias de Rusia. La infección se manifiesta en las pantallas de los usuarios mediante un mensaje en el que se pide dinero a cambio de la devolución de archivos 'secuestrados'.

    El malware Wanna Cry (en español “quiero llorar”) restringe el acceso al sistema y exige el pago de un rescate de $ 300 dólares en bitcoins a sus dueños para eliminar la restricción. Se ha seleccionado el medio de pago electrónico (bitcoin) como medio de pago ya que permite mantener el anonimato de la persona que recibe el dinero. Nuestro país como otros de la región fuimos afectados por contar con el mayor porcentaje de computadoras con sistemas Windows sin actualizar, a buen entender, por usar software piratas.

    Lo ocurrido plantea un escenario novedoso por cuanto se usaron dos programas creados por un gobierno para labores de ciberespionaje, que ahora eran mezclados con ransomware son usados con fines criminales. Es cierto que el ataque podría haber ocurrido en cualquier parte del mundo. Pero dentro de la institución financiera peruana la organización había facilitado un poco las cosas. Unos de los especialistas nacionales afirma que habrían utilizado la red que se usa para cosas internas como impresoras o intranet para el acceso a internet, lo que junto a la poca actualización de sus sistemas, serían pan comido para cualquier ataque.

    Los peruanos asistimos cada día a otras formas virosis de ataque de nuestros medios sociales como los móviles convertidos hoy en pasto de chantaje, robo y extorsión por lo fácil de ser grabado y divulgado luego. Están llenas de contenido sexual y/o voces y fotos. A diario escuchamos y vemos incrédulos imágenes indignantes que responden a una llamada y su interlocutor, un varón o una mujer de voz imperativa, pidiendo dinero y también acostarse con él bajo la amenaza de mostrar unos videos íntimos a su familia y a su nueva pareja o a tutilimundi. Esto sin contar a los que están expuestos los niños y adolescentes. Colgar videos que tiene en alguna página de internet, en las redes sociales o enviárselos, es fácil y posible hacer todo eso con un teléfono. Fácilmente se puede grabar con buena resolución y subirlo a internet.

    Mantenido en el anonimato, un joven de 22 años  se hizo "héroe occidental" al detener el virus que secuestró miles de computadoras. El ataque informático materia de este editorial ya pasó a la historia como uno de los más agresivos. En el caso de los hospitales británicos, el ataque obligó a desviar ambulancias, suspender citas rutinarias e incluso,  alteró intervenciones quirúrgicas. La dependencia tecnológica nos ha puesto en esta disyuntiva. Liberémonos un poco del sistema. Privilegiemos la conversación cara a cara.