Un banquete genial y amazónico 

(Los que partieron ya)

 

 

 

 

Ya no están físicamente con nosotros: los amigos Antonio Núñez Jiménez, Félix Denegri Luna, Juan Miguel Bákula, José López Parodi, Guillermo Flores Arrué, Javier Pulgar Vidal, Avencio Villarejo, Silvino Treceño, Jorge Santisteban de Noriega y, el último en partir, Carlos Fuentes.  Al repasar los nombres de cada uno de ellos, no sólo la ausencia que se transforma en una melancolía larga, nos constriñe. Hay también hacia ellos unos sentimientos encontrados, por lo que eran en sí, humanos. Cólera de no tenerlos, una impotencia de no poder seguir riéndonos, de no apenarnos y hasta, a veces, de encolerizarnos hacia uno u otro, a pesar de tenerlos como allegados. Así entramos en ese largo túnel del tiempo que nos brinda mientras estemos físicamente presentes, momentos para pensar y de ilusionarnos con el grupo. Lo primero, que nos viene a la mente ocurre verlos a todos ellos juntos, paseando en el ágora griego, en aquella plaza pública donde los ciudadanos respetables se encontraban para tratar asuntos de la comunidad y por qué no, temas latinoamericanos y amazónicos en especial. Asuntos entrañables a quienes les une la conversa prolongada en ese espacio helénico. Segundo, lo casi posible -dentro de lo imposible- verles a  cada uno de ellos, pasar a comer (para algunos de invitados, el más gordito del grupo, el leiv motiv de vivir)  con el maestro de la academia: Sócrates. Aquel que habla de todo, aquel que le salen útiles y sabias palabras como lo retrata Aristófanes, en la comedia Las Nubes.

 

Sentados, todos juntos, frente a la mesa. Intentemos graficar cómo podría ser la distribución protocolar socrática. Para hablar de límites fronterizos amazónicos,  el embajador Juan Miguel Bákula y Félix Denegri Luna. De temas amazónicos, el Dr. José López Parodi, Javier Pulgar Vidal y el Padre Avencio Villarejo. Con el tema del Derecho, al Defensor del Pueblo, Jorge Santisteban de Noriega junto al escritor Carlos Fuentes, ambos para aprovechar  un diálogo sobre lo concerniente a Latinoamérica. Al costado de Fuentes, Guillermo Flores Arrué, y junto a este sibarita, el palentino Silvino Treceño, tan creativo él, tan disperso. Estos dos últimos, diría Sócrates, mejor aparte, pues no solo fuman, sino que hablan fuerte y son exaltados y carecen de mesura, muy propio de diplomáticos en la mesa.

 

El Banquete griego/amazónico no tiene una intención polémica. Todos, por esta vez, deben centrarse en un discurso hacia lo que es la razón de su existencia, muy aparte de donde estén  y que saben de qué se trata.

 

López Parodi diserta sobre el tema de la biodiversidad y la multiculturalidad amazónica, del cuidado de la Reserva Pacaya Samiria. A continuación el embajador cubano Núñez Jiménez pide la palabra para hablar de su periplo fluvial en su experiencia de viaje por el Amazonas hasta su Caribe adorable. Junto al diplomático isleño, podemos hasta escuchar, el compartir de experiencia de Avencio Villarejo en su afán de investigador y misionero en los inmensos llanos amazónicos.

 

 Cautos. Disertar el origen de las fronteras abiertas y cerradas de la Amazonía en su proceso histórico, al embajador Bákula, la  suerte de los combatientes  y hablar de la paz, si es en ciudadanía, tanto mejor, asentiría Santisteban de Noriega y Fuentes intervendrían  para seguir ampliando la visión de una Latinoamérica única y unida y, al final, diría: ¿y por qué no preguntar a Sócrates sobre la Grecia actual, que necesita de diálogos para superar la encrucijada política/económica actual?

 

Aunque no eran precisamente discursos y, menos, teniendo un plato por delante, no puedo, imaginarme a Flores Arrué (después de conocerlo)  que teniendo tan cerca a Fuentes no se resistiera a preguntarle no solo de sus personajes literarios, sino de cómo se hace una buena tortilla de maíz que sólo se encuentra en el mero mero México e intercambiar recetas culinarias. Y  tal vez si, por ahí está cerca, recurre a San Agustín.

 

¿Y Sócrates? Callado. Sin creerlo. Fiel a su estilo mayéutico, dispuesto a comenzar con sus preguntas, para encontrar ese cimiento de verdad que está detrás de la duda ¿En qué consiste el sentido de la vida terrenal? ¿Qué sentido tiene para ustedes, para mí, haber estado viviendo en la tierra, que ahora que estamos juntos, viene siempre al fin la llamada muerte? ¿Todo se acabó? ¿Existe una vida después de esta vida? Y si es que existe, ¿cómo seguirá todo después? Y ¿es posible saber ya hoy cómo es la vida en el más allá?

 

¡Uf! Tanto así, que entrado en un shock de interrogantes, la única certeza que tengo es que  pasará tiempo para responderme, que al terminar de escribir este obituario, solo sé que nada sé.  Por eso, Antonio, Félix, Juan Miguel, José, Guillermo, Javier, Avencio, Silvino, Jorge y Carlos nunca se fueron, siguen entre nosotros y están presentes en estos 40 años del CETA.C.CH.

 

 

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