Biblioteca Amazónica:

el CETA y la recuperación de la memoria

 

 

Francisco Bardales

 

 

 

 

En estos 40 años de labor infatigable a favor del desarrollo del conocimiento y la cultura, el Centro de Estudios Teológicos de la Amazonía ha tenido en la Biblioteca Amazónica un excepcional espacio para estos fines, además un aliado natural para la recuperación de la memoria.

 

Sin lugar a dudas, la Biblioteca Amazónica es uno de aquellos lugares que deben visitarse obligatoriamente alguna vez en la vida. Ubicada en el centro histórico de Iquitos, en el Malecón Tarapacá (en los ambientes de una de las casas más antiguas y bellas de la ciudad), es un encuentro con el pasado, identidad y cultura de la selva peruana.

 

Considerada el segundo recinto más importante en América Latina sobre temas amazónicos (después de la Biblioteca de Manaos en Brasil), condensa el completo sistema de  información bibliográfica, así como material audiovisual, pictórico y hemerográfico de enorme importancia histórica para el conocimiento amazónico, a través de un número que excede actualmente los cuarenta mil títulos.

 

La Biblioteca Amazónica aloja algunos tesoros  como  la primera edición de la obra completa de Jean Marie La Condamine (del siglo XVIII); la Edición Príncipe de la Real Academia de la Historia de la Historia General y Natural de las Indias, de Gonzalo Fernández de Oviedo (del siglo XIX), así como la primera edición de El Perú, publicado por Antonio Raimondi en 1874, en lujosa encuadernación de piel repujada en oro y con canto dorado, dedicada de su puño y letra al presidente de la república, Nicolás de Piérola. Además,  la reproducción facsimilar de la Carta Mapamundi de Juan de la Cosa y del Mapa de Samuel Fritz del siglo XVII y copias de diarios y revistas amazónicos desde el año 1890.

 

Mención especial son los libros y publicaciones varias sobre la época del caucho y las denuncias por crímenes contra indígenas como The Amazon Journal de Roger Casement, Los Escándalos del Putumayo de Carlos Rey de Castro, Arana, Rey del caucho de Ovidio Lagos, entre otros, que sirvieron de referencia para la investigación que realizó nuestro Premio Nobel de Literatura, Mario Vargas Llosa, antes de la publicación de su más reciente novela, El sueño del Celta.

 

Este paraíso de la cultura amazónica, lamentablemente, ha estado amenazado con cerrar sus puertas debido al incumplimiento del pago de un convenio con el Gobierno Regional de Loreto (que data de su fundación, en 1992). Dichos fondos se destinan al pago de los servicios de primera necesidad.  La burocracia regional entrampó por más de un año la ejecución del fondo, que evidentemente no era una dádiva, sino un verdadero deber público.

 

Lamentablemente los efectos se sintieron inmediatamente, pues debido al déficit presupuestal, desde el año 2010 se tuvo que cortar el servicio de telefonía e internet, se  redujo el personal, hasta hubo una amenaza de corte del servicio eléctrico. La situación fue insostenible y la administración tuvo que tomar el doloroso pero inevitable camino del cierre temporal.

 

Ante la difícil situación por la que esta atravesó y a fin de evitar el cierre definitivo, se iniciaron campañas de apoyo. Además, se intentó armar un sistema permanente para que este patrimonio cultural del país no quede indemne ante los olvidos y las apatías de los gobiernos de turno. Hace unas semanas, con gran esfuerzo, ha vuelto a atender de modo parcial. Sin embargo, la amenaza aún sigue acechando y la necesidad de contar con un fondo de contingencia se hace más urgente que nunca.

 

Definitivamente, en lo personal, no existe un espacio que haya de alguna manera reflejado con mayor ímpetu y realismo la misión y el legado del CETA que la Biblioteca Amazónica.  Un lugar donde la gran pasión por la lectura, por el descubrimiento y por la cultura se preservan y afianzan.

 

No dejemos de lado la causa del conocimiento amazónico.

 

 

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