LO QUE OLVIDARON LAS MÁQUINAS

 

 

Madison Flores Vargas, impresor

 

 

 

A mediados del año 1978 Jayer Hidalgo, un viejo amigo de mi familia llegó a mi casa, comentándome si deseaba trabajar  en su reemplazo  con el Padre  Joaquín. De inmediato  acepté la propuesta.  Siendo una mañana del 17 de mayo  a las 8.00 a.m. me presenté al lugar indicado por Jayer, quedándome a trabajar. Así me enseñaron a manejar la máquina. Recuerdo que era un mimeógrafo. Los trabajos de impresión se hacían en blanco y negro siendo después coloreados con plumones las carátulas de los formatos por la religiosa Madre María del Carmen Riocerezo.

 

Pasado unos años  el Director  tenía la intención de perfeccionar los trabajos de colores y me propuso un proyecto de perfeccionamiento, comentándome la compra de una máquina más sofisticada en un sistema OFFSET que yo no conocía. Así me quedé  pensando en el nombre de la máquina. El Padre me dijo que se trataba de una máquina más completa y no de una compañía petrolera, como lo había creído, sino de una impresora más completa de marca GESTETNER MODELO 211, que hacia los trabajos a base de placas de metal,  ya que nosotros trabajábamos con placas de cartoncillo.

 

Hasta entonces todo iba bien. Mejoraríamos las impresiones, pensé yo, hasta que llegó la hora de la verdad,  pues  en aquel entonces era un muchacho tímido,  callado. Cuando llegó la máquina a la oficina el padre Joaquín me propuso enviarme a Lima para capacitarme. Grande fue la sorpresa para mí porque no conocía la capital. El Padre me dijo que no me preocupara ya que en Lima me esperaría el Hno. Oscar.

 

Viajé con un poco de temor, y, al mismo tiempo, entusiasmado por conocer la capital y la famosa máquina GESTETNER. Recuerdo también que llegué a Lima un viernes  por la noche y que el Hermano me recogió en un carrito y me llevó al Convento San Agustín, comunicándome en el trayecto que las clases de mi capacitación serían los  lunes.

 

Recuerdo también que el Hermano me llevó a presentar con el Director del Centro de Capacitación de Gráficos del Sistema OFFSET, ubicado en San Isidro (Begonia) Sótano Nº6. Durante la capacitación conocí a muchos  impresores de todos los departamentos del país. Toda la capacitación pasó sin novedad. Al llegar el P. Joaquín me tomó el pelo diciéndome dónde estaba el muchacho tímido que había llegado y que me había comido un loro pues hablaba y preguntaba mucho.

 

Con alegría recuerdo a la Madrecita Bibiana que cuando hice mi primer trabajo de impresión me regaló una radio para escuchar mis músicas favoritas o mis noticias y mi reloj. Al  Padre Lucho  le imprimía su Revista Surcando y Socabi y a la Madre Mery Paiva sus folletos.

Pasando los años el Padre Joaquín me comunicó que nuevamente teníamos que comprar una máquina más actualizada y de mejor calidad y que nuevamente tenía que viajar a la capital, pero ya no me sorprendí porque ya conocía la máquina chica. Así que nuevamente viajé a la capacitación donde conocí a un amigo llamado Pedro Lerma que en ese entonces trabajaba en el Centro de Proyección Cristiana  ubicado en Aguarico (Breña) donde me enseñaron a manejar la maquina HEIDELBERG, formato 32x46.

 

Sin novedad seguía trabajando como impresor  hasta que cierto día el Padre me llamó a su oficina para comunicarme  que  ya no seguiría trabajando por motivos de que las chicas, mis compañeras ya no me querían porque me había portado mal.   El Padre me pidió después que recapacite y que venga para conversar con él.  Siendo eso el hecho de que el Padre me recomiende con el IIAP en el Departamento de Difusión con el Señor Tello en los años del 88 al 90.

 

Trabajaba  en la imprenta el Mercurio con la señora  Alicia del Águila y el señor  Franco Viety y en la imprenta Frabel. Un día  llegó un amigo, el chino, para avisarme  que el Padre Joaquín deseaba comunicarse conmigo y que si le podía ver porque él no sabía el motivo de mi llamado. Así que acudí pidiendo una cita a la Señora Rocío. En aquella cita el Padre Joaquín me propuso nuevamente trabajar con él, iniciando el trabajo en mayo de 1991, ingresando al CETA por la puerta ancha.

 

Pasado un tiempo tuve mi  primer percance en el CETA, fue el accidente que tuve en la guillotina que me molió la mano izquierda, donde le digo al Padre que va a ser de mis 4 hijos. El Padre se molestó por el comentario que hice. El susto mayor fue cuando  la guillotina me rebanó un pedazo de mi dedo de mi mano derecha.

 

Pero a pesar de los percances y  dificultades me siento muy contento trabajando de impresor de esta casa. Agradezco a Dios y al Padre Joaquín y a la Madre Bibiana por la oportunidad y la confianza de  todos estos  años, para poder seguir siendo útil a la sociedad y sacar adelante a mis hijos que son ahora profesionales.

 

Una anécdota final fue cuando un día un amigo me llama asustado preguntándome si yo no trabajo ya en el Ceta. Y yo le dije que sí, que imprimo Kanatari. Entonces me preguntó por  qué sale la impresión y compaginación Tony Da Souza.

 

¡Ah! me olvidaba la última anécdota fue cuando entró el ladrón a la Oficina la semana pasada  en la mañana y la Srta. Alejandra me llamaba a gritos para auxiliarla. Como estaba imprimiendo un libro, el ruido de la máquina no me permitía escucharla de tal manera que el ladrón se fue llevando su billetera con sus tarjetas bancarias y DNI.

 

Por último me despido de todo esto, con mucho amor que le tengo al CETA que me dio muchos logros.

 

 

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