1932: EL CONFLICTO CON COLOMBIA

 

 

Conferencia Magistral dictada por Luis Tafur Rengifo,

Redacctor Jefe del Semanario KANATARI,

la noche del lunes 26 de marzo de 2007,

en el Auditorio de la Municipalidad Provincial de Maynas. 

 

Hablar de eventos históricos ya no consiste sólo en el relato pormenorizado de los hechos ocurridos en torno a determinado suceso, referirse a sus detalles, personajes, anécdotas y circunstancias. La historia moderna va más allá de esa vieja definición. Hacemos historia para saber más acerca del ser humano y, haciéndola, descubrimos que quizá no sea maestra de la vida, como afirmaron los historiadores clásicos, sino que además, nos descubre las facetas más recónditas de cómo fue el ser humano en el pasado, también nos los muestra al completo en el presente, nos ayuda a comprender sus contradictorias actitudes y nos permite vislumbrar el futuro de la humanidad.

 

Muchos sostienen que el estudio de la historia se circunscribe a un círculo de intelectuales que por el hecho mismo de estudiar el pasado se encapsulan en una especie de bóveda mágica de la cual sólo salen para contagiarse del aire del presente. Por ello, los fundamentalistas creen muy poco en la utilidad de la historia. Pero no, antes importaba más lo colectivo y ahora interesa mucho más lo individual; antes, se daba más importancia a los hechos políticos porque la política condicionaba el devenir de los pueblos, pero hoy en día también atraen los hechos culturales. Dedicarse, pues, a la historia es dedicarse a las humanidades, al saber humanístico por excelencia, desde una óptica que es la del tiempo con la idea de que se entiende mejor al ser humano a través de lo que ha sido. La historia proporciona un mejor conocimiento de cómo actúan las personas, de sus actitudes, sus pretensiones y sus miserias.

 

Pero no confundamos, la historia no es el estudio del hombre, de eso ya se encarga la filosofía. Se trata de descubrir las dimensiones del ser humano en la historia y lo que se obtiene es un conjunto de conocimientos interpretables que, por supuesto, no son definitivos ni concluyentes, porque ni concluyente ni definitivo es el destino del hombre. La historia nos da una idea de cómo fue la vida humana en otros tiempos, nos habla de cómo actuaron determinados protagonistas en determinadas situaciones y da idea de lo contingente que son las cosas.

 

Por eso, personalmente, me niego a utilizar los hechos y personajes históricos de un pueblo como instrumento de propaganda política, sobre los cuales la ignorancia lleva a tergiversar hechos y circunstancias,  convirtiendo a personajes de carne y hueso en prototipos ideales que sólo sirven para banderas de agitación chauvinista. Debemos ser concientes que hoy en día los conceptos históricos y sus relaciones, así como la interpretación de los hechos son diferentes a lo que se creía en el pasado. Van apareciendo nuevas fuentes documentales, ya no sólo es la transmisión oral de actores directos, si antes se sostenía aquello, hoy se afirman nuevas verdades que nos ayudan a entender mejor los acontecimientos. Aunque duela, señores, pero algunas verdades del ayer se han convertido en comprensibles dudas de hoy. Los hechos lo demuestran, la documentación que se va encontrando es contundente. Ya no se trata de interpretaciones caprichosas y/o hasta ideológicas, porque eso no acepta la historia, si no estudiamos y trabajamos con rigurosidad absoluta estos temas, no estamos haciendo historia, estamos haciendo novela.

 

Digo esto, porque sobre los hechos que hoy nos conmueven han aparecido nuevas fuentes documentales, hay que volver la mirada sobre los mismos. Estamos en la obligación de descubrir las profundas motivaciones que han llevado a los actores y protagonistas del drama de 1932 a hacer lo que han hecho. Sin ojerizas, ni anteojeras ideológicas, sin chauvinismo, con la desnuda verdad de la historia.

 

Para efecto de esta conferencia voy a situar el inicio del problema en marzo de 1922. Gobernaba el Perú el señor Augusto Bernardino Leguía, eran los primeros años del oncenio. El dictador ya había desnudado sus ambiciones y pretensiones continuistas. Ya se cocinaba en los conciliábulos del gobierno la re-elección de 1924 y la elección digitada de senadores y diputados áulicos del dictador. La historia recuerda los nombres de los diputados que representaban a Loreto aquella época: Abraham de Rivero por Ucayali, Santiago Arévalo por Alto Amazonas y Toribio Hernández Mesía por el Bajo Amazonas, o sea Maynas.

 

Hasta aquel fatídico mes, el departamento de Loreto era extensísimo, sus fronteras llegaban por el lado nor-oriental hasta la ribera derecha del río Caquetá, el putumayo era íntegramente peruano, al igual que los rios igaraparaná, caraparaná, y entre las cuencas de ambos rios, las posesiones gomeras de Julio C. Arana, quien fue Senador de Leguía en dos periodos consecutivos, pretendió ser después constituyente en 1931, pero una ley lo prohibió tajantemente, comenzando el ocaso del cuestionado ex Barón del caucho. En la ribera izquierda del putumayo, cerca de Leticia, el comerciante Enrique A. Vigil, muchas veces médico titular de la provincia y también alcalde de Iquitos en varias oportunidades, poseía una gran extensión de terreno convertida en una hacienda que se llamaba “Victoria”. Hay documentos que prueban que Vigil ofreció la venta de esos terrenos al gobierno colombiano en una buena cantidad de dinero, hubo contraofertas, pero el negociado no llegó a concretarse. 

 

Leguía y su Ministro de Relaciones Exteriores, Alberto Salomón Osorio, firman el Tratado el 22 de marzo de 1922. El gobierno mantuvo en secreto por más de dos años dicho documento conciente de la mounstruosidad histórico-jurídica y del despojo territorial que significaba para el Perú. El Tratado constaba de 11 artículos, el primero de ellos fijaba los nuevos límites del Perú con Colombia. Como consecuencia del mismo el Perú regalaba a Colombia un total de 127,272 km2. repartidos de la siguiente manera: Zona del Putumayo-Caquetá (120,000 km2) y la zona del llamado “Trapecio Amazónico”, incluyendo la ciudad peruana de Leticia que en ese entonces contaba con 15,000 habitantes en su totalidad peruanos (7,272 km2), posibilitando de esta manera el acceso de Colombia al río Amazonas, convirtiendo la ancestral soberanía binacional del Gran Rio (Perú y Brasil) en una cuenca hidrográfica de manejo tripartito. En setiembre de 1924, varios periódicos del continente, entre ellos los periódicos LA RAZON y LA EPOCA de Argentina y LA NACION de Santiago de Chile, hacen público el texto del Tratado debido a la exigencia colombiana de que éste sea ratificado por el Congreso del Perú. Es decir, Loreto ya conocía el Tratado en setiembre de 1924. Recién en marzo del año siguiente lo publicaría completo el diario EL COMERCIO de Lima.

 

Por este Tratado, ambos gobiernos se fijaron de comun acuerdo una línea de frontera que pusiera término a su antiguo litigio territorial en el Oriente. Esa línea, partiendo desde el punto en que el meridiano de la boca del rio Cuhimbé en el Putumayo, corta al río San Miguel o Sucumbíos, sube por ese mismo río hasta la boca del Cuhimbé; de allí por el Thalweg del rio Putumayo hasta la confluencia del rio Yaguas; sigue por una linea recta al rio Atacuari en el Amazonas, y de allí por el thalweg del rio Amazonas hasta el límite entre Perú y Brasil. Como se puede observar la línea fundamental del tratado era el rio Putumayo, en el que los dos países se reconocían libertad de tránsito y derecho de navegación. Lógicamente esta línea debió continuar hasta el punto en que el rio Putumayo, saliendo del territorio del Perú, ingresa al territorio del Brasil y por tal río debió haber continuado también la navegación colombiana hasta la desembocadura del Putumayo en el Amazonas.  

 

En Iquitos, los diarios locales como EL ECO, EL ORIENTE, EL DIA Y LA RAZON, también publican párrafos del Tratado, especialmente aquellos referidos a la cesión del territorio. Las protestas no se hacen esperar. En diciembre de 1926, los pobladores de Caballo Cocha y Leticia realizan una gran movilización condenatoria en la que participan miles de colonos fronterizos, seguida de otras manifestaciones populares de varones el día 10 y solamente mujeres dos días después en la ciudad de Iquitos. El gobierno de Leguía ordena al prefecto de Loreto, el coronel Temíscocles Molina Derteano, reprimir con severidad a los cabecillas de tales movimientos. Al año siguiente, 1927, las protestas continuarían. El 12 de diciembre de este año Leguía le pide con carácter de urgencia al prefecto le envíe la lista de funcionarios o empleados públicos que estaban participando en las mismas para proceder a su destitución inmediata.

 

Pero en esos años 1927-1929 el Perú atravesaba por un gran problema de orden internacional. El gobierno estaba ubicado entre dos frentes: Por un lado, estaba a la espera de la resolución que el presidente Calvin Coodligde de los Estados Unidos debía dar acerca del problema con Chile y la situación de Tacna  y Arica que recién se resolvió, para mal, en 1929 en contra de los intereses peruanos; y por otro, las exigencias ecuatorianas que se negaba a aceptar el Protocolo Castro-Oyanguren firmado en 1924, el cual supeditaba reiniciar las conversaciones diplomáticas Perú-Ecuador, para después que Estados Unidos dictara el laudo arbitral entre Perú y Chile. Es decir, un verdadero arroz con mango que la cancillería peruana, en manos de áulicos y ad-lateres de Leguía había generado. A todo esto se sumaba ahora la frontera con Colombia que terminaría en una guerra no declarada en 1933.

 

No olvidemos que la cuenca ubicada entre el río Caquetá y el Putumayo, pertenecían en propiedad privada al señor Julio C. Arana. En esos extensos territorios estaban ubicadas sus plantaciones caucheras cuyas sedes era LA CHORRERA y EL ENCANTO. Allí también se cometieron los más execrables crímenes contra las etnias bóórá, huito, ocaína, a manos de los lugartenientes y empleados de Arana, en un momento de la historia loretana que está muy bien documentada en EL PROCESO DEL PUTUMAYO, libro publicado por el Proyecto MONYUMENTA AMAZONICA del CETA.  Una de las biografías mejor logradas de Arana se puede leer en el libro ARANA. REY DEL CAUCHO, del argentino Ovidio Lagos.

 

Pero veamos qué pasaba en Iquitos. En 1924 la alcaldía estaba en manos de un extranjero, un poderoso comerciante, súbdito alemán, el señor Emilio Strassberger y al frente de la prefectura se encontraba el Dr. César Cárdenas García, quien sería reemplazado por el inefable y temido Coronel Temístocles Molina Derteano en 1926. La ciudad exigía la canalización de sus calles, pavimentación, agua potable y luz eléctrica. En ese año la ciudad no tenía una sola calle pavimentada de concreto, sólo calles enladrilladas, como el perímetro de la Plaza de Armas, dos cuadras del jirón Lima (hoy Próspero),  y otras dos de Raymondi. Al ausentarse Strassberger, su teniente alcalde, Aquiles Donayre Mesia se haría cargo de la alcaldía en 1926, cuyo gobierno es cesado por el prefecto a fines de diciembre de ese año. En esos años de protesta se sucederían varios alcaldes como César Gordillo, José de San Martín Solisbango, Germán A. Segura que era dueño del Cine Alhambra, hasta que en febrero de 1929 es designado por el gobierno de Leguía el señor Manuel Ignacio Morey del Aguila.

 

Dos años antes, en diciembre de 1927 el congreso de Leguía ratifica el tratado Salomón-Lozano con solo 7 votos en contra: los votos de Julio C. Arana, Julio Ego-Aguirre, Pio Max Medina, Fermin Málaga Santolalla, Victor Noriega del Aguila (Moyobamba), Toribio Hernandez Mesía y Santiago Arévalo. En agosto de 1930, a escasos días de la Revolución de Arequipa liderada por el comandante Sánchez Cerro, el prefecto Temístocles Molina Derteano viaja con su comitiva a bordo del Buque “America” hacia Leticia para entregar a los colombianos todo aquel territorio en cumplimiento del tratado. Pese a la tenaz y callada oposición de los loretanos, la entrega se produce. Incluso, Manuel Morey, entonces alcalde y después Presidente de la Junta Patriotica, aplaude y saluda dicha entrega a traves de un telegrama que muy pocos quisieron ver. El texto del mismo está en las páginas del diario EL ECO de esos días. No olvidar, Manuel Morey era alcalde designado por Leguía.

 

Al producirse el derocamiento de Leguía, dos días después, renuncian el Prefecto Molina y también el alcalde Morey. Lo reemplazaría el teniente alcalde Germán Segura y al año siguiente sería designado Marcial Saavedra Pinon. Como se puede observar el promedio de permanencia de un alcalde al frente del municipio era de 7 meses aproximadamente, no más. Las rencillas políticas, el estado de ánimo del prefecto, los cambios en el Poder Ejecutivo, porque en 1930 se sucedieron en el gobierno hasta 4 presidentes de juntas gubernativas.

 

El año 1932, se forma la Junta Patriótica, integrada por Manuel Ignacio Morey del Aguila, ex alcalde de Leguía; Ignacio Morey Peña, aprista de los tiempos aurorales del partido de Haya de la Torre, quien renunció para no comprometer a su emergente agrupación que, por lo demás, esos años sufría persecución por parte de Sánchez Cerro; Luis Arana Zumaeta, hijo de Julio C. Arana; Pedro A. del Aguila Hidalgo, yerno de Julio C. Arana, casado con la hija de Arana, Lily Arana Zumaeta; Guillermo Ponce de León, médico afincado en Iquitos y Oscar Ordóñez de la Haza, hizo del ex comandante general de la guarnición de Iquitos. Este último relacionado con Enrique A. Vigil propietario de la hacienda VICTORIA. Entonces, podemos observar que cuatro de los integrantes de esta Junta estaban íntimamente relacionados con Julio C. Arana, propietario del territorio que estaba en conflicto.

 

No voy a cansarles hablando de los detalles que hoy ya se conocen, todos ellos relacionados a las intimidades de la Junta Patriótica que, dicho sea de paso, se formó después de que ya el pueblo de Caballo Cocha se había levantado contra los abusos que cometían los colombianos en Leticia y territorios aledaños contra los peruanos. Ahí está el documento de un morador de esa jurisdicción publicada en EL ECO en la que relata las acciones que venían tomando en contra de esa situación, es decir, semanas antes de la formación de la Junta Patriótica en Iquitos.

 

Sin embargo, es preciso reconocer que, independientemente de la personalidad de los integrantes de la Junta, ésta lideró, en su momento, un acto heróico de reivindicación patriótica, de intentar devolverle a la nación que en esos tiempos se desangraba por la lucha política intestina entre apristas y sancheceristas, la dignidad y la soberanía en un territorio que el dictador había cedido a colombia inconsultamente. El 1 de setiembre de 1932, muy temprano más de medio centenar de hombres se apoderó del puerto de Leticia que ya tenía autoridades colombianas, alcalde, administrador de la aduanilla, jefe policial, etc. Todos fueron apresados y deportados a territorio brasilero. El gobierno brasilero declaró su neutralidad en el conflicto, sin embargo, dejó pasar por las aguas del Amazonas a toda la flota colombiana que venía a desocupar a los peruanos de Leticia que estaba al mando del general Alfredo Vásquez Cobos.

 

La Toma de Leticia galvanizó a lo loretanos. Una oleada de patriotismo se apoderó de todos los moradores de Iquitos, niños, jovenes, mujeres y hombres vivaban su entusiasmo por calles y plazas. Se formaron innumerables comités de apoyo, las damas de la llamada “alta sociedad” se agrupaban organizado tómbolas para recudar fondos, otras integraban la Cruz Roja, los movilizables se presentaban a los cuarteles que se veían imposibilitados de atender a tanto contingente que llegaba como oleadas en todo tipo de barcos desde el rio Ucayali, desde San Martín, desde Yurimaguas, todos venían a defender a la patria amenazada. Logísticamente el Ejército estaba impotente. No había armas, ni municiones, ni pertrechos, ni vestuario, ni botas. La acción de los loretanos cogió de sorpresa a las Fuerzas Militares del Oriente. Es más, el país estaba desangrándose en una lucha fratricida entre apristas y gobiernistas. Ahora se sabe de los grandes problemas, descordinaciones y broncas intestinas que hubieron entre los propios miembros del Ejército que comandaban la División de Selva. En pleno conflicto, después del desastre de Gueppí, es relevado del cargo de Jefe de la misma el Coronel Victor Ramos para lo cual el propio ministro de Guerra vino a Iquitos. lo reemplaza el General Fernando Sarmiento, un militar cuestionado por ciertas inconductas anteriores. Tiempo después la opinión pública loretana conocería los detalles de ese enfrentamiento cuando Ramos comenzó a publicar en EL ECO de Iquitos la verdad de lo que había ocurrido hasta cuando él estuvo en el cargo.

 

Pero los colombianos tampoco la tenían todo consigo. También estaban prácticamente desarmados, su política fue ganar tiempo. No aceptaron la conciliación que el gobierno peruano proponía. Ellos decían que no era un problema internacional,  sino un asunto de sedición interna y que debía ser solucionado bajo esos paramétros. Sin embargo, comenzaron a armarse rapidamente. Contrataron mercenarios alemanes para su aviación y a despachar a sus mejores generales hacia Leticia y al Putumayo con el fin de desalojar a los peruanos del territorio invadido.

 

El 26 de marzo de 1933, sobre la desprotegida guarnición de Gueppí, ocurrió lo inevitable. Superiores fuerzas colombianas apoyadas por su aviación con pilotos mercenarios y fuerza terrestre movilizadas a bordo de modernas cañoneras recién adquiridas, ataca el puesto peruano que apenas estaba defendido por medio centenar de hombres. No voy a entrar en detalles de ese combate. Ya todos sabemos lo que pasó. Pero es necesario referirse que, de acuerdo a los partes de combate a los que muchos autores hemos tenido acceso y que se han publicado años después, se supo que nuestras fuerzas militares estaban completamente desorganizadas. Cambiaban de jefe de guarnición a cada momento y nuestros  soldados estaban poco menos que desprotegidos, porque les faltaba ropas, medicinas para contrarestar la hostilidad del ambiente, calidad en el armamento,  municiones, etc. Entonces surge la valerosa figura de un joven loretano de 27 años, hijo de padres humildes, que ya había salido del ejército por tiempo cumplido y que se reintegró a filas cuando la Toma de Leticia. He leido muchas biografías de héroes militares y siempre me ha conmovido ese instante supremo del hombre frente a la muerte, de un ser humano que consciente de su destino, se enfrenta a él a pecho descubierto, por un ideal, por el valor supremo, por su honor y defendiendo el etéreo concepto de patria, con lo poco que tenía. Esa rebeldía frente a la vida, la cercanía de la muerte, el abandonarse a hechos que se avizoran en minutos, en segundos, ese desprecio a la vida si se quiere, nunca he podido entenderlo.

 

Allí murieron Fernando Lores Tenazoa, el soldado ucayalino Alfredo Vargas Guerra, y otros seis soldados loretanos de apellidos humildes. Allí cayeron jovenes de la tierra, muchachos apenas, dando ejemplo de valor y de entrega, de un sacrificio sublime ante lo inevitable. Lores, cosido por la metralla enemiga le rinde tributo a la patria, todavía tiene fuerza para maldecir al enemigo, rechazarlo; mientras que Alfredo Vargas Guera, minutos más, minutos menos, viéndose perdido y rodeado por el enemigo, disparando sin cesar desde un árbol en la ribera, se arroja al río para no ser capturado, perdiéndose para siempre en las aguas del Putumayo. Así, Alberto Soplín Vargas, así Reynaldo Bartra Díaz, así Tananta Pinche, así los demás.

 

Sacrificio en vano, sin embargo. Un mes después es asesinado Sánchez Cerro y Benavides pacta con Alfonso López, su amigo personal, el cese de hostilidades. Interviene la Sociedad de Naciones dándole la razón a Colombia, designa una Comisión Internacional administradora de Leticia y en junio de 1934, para siempre, esta misma comisión entrega el territorio en disputa al gobierno colombiano. Leticia y los 127 kilómetros cuadrados de la cuenca del Caquetá y Putumayo, jamás serían ya recuperados.

 

No voy a cansarlos con lo ocurrió después con los demás protagonistas políticos de esta historia. Además, no es el tema de la conferencia. Pero debo decir que tenemos la obligación de replantear estos hechos a la luz de la documentación y las fuentes directas que van apareciendo. Y es obligación de los gobiernos locales intervenir directamente en esta tarea.

 

El sacrificio de Lores, y sus tenazoas, sin embargo, nos deja un mensaje: mantenernos alertas ante la eventualidad de que surjan nuevos Leguías, modernos benavides, que bajo el paraguas que hoy utiliza la terminología y la política moderna o bajo otras sutiles formas, se amenace la integridad del territorio que nuestros padres y abuelos nos legaron y por el cual ellos sufrieron y padecieron por verlo intocado. Es nuestra obligación el heredarlo a nuestros hijos o a las generaciones que vienen tras nosotros, igualmente intocado, no solo territorialmente, sino también con su identidad cultural afianzada, defendiendo la pluricompleja realidad de un país que como dijo Arguedas, alberga todas las sangres. 74 años después, un día de hoy, resuena todavía el fragor de la batala de aquella  mañana, de esa batalla que hoy la libramos todos los días contra la pobreza, la corrupción y el cada vez más triste aputamiento de la sociedad nacional.       

 

 

 

EL DISCURSO LITERARIO EN EL DISCURSO HISTÓRICO

DE LA AMAZONIA PERUANA

Joaquín García Sánchez

 

"Cantando tratamos de hacer nuestra parte. Como quien cumple un deber. Como quien hace un gesto de amor. No solamente cantamos por la belleza y los prodigiosos dones de nuestra selva (cada día más peligrosamente amenazada, y, con ella la respiración del futuro)... Aquí plantamos un cántico de amor por la dignidad y la hermosura de la misma condición humana, igualmente amenazada, en sus íntimos poderes, por la ceguera y la ferocidad de quienes se consideran dueños del mundo.

Asumimos en este canto las voces de nuestros hermanos indios amazónicos y de cuantos pueblan América Latina, que se alzan en defensa del don sagrado de la Tierra y de su identidad...

Queremos con nuestro ayudar a salvar la Amazonía, para que la libertad y la vida que aún reinan en ella puedan transformar la existencia de este lugar llamado Tierra, morada del corazón y la inteligencia de todo lo viviente.

(DECLARACIÓN DE INDIANA. Primer Encuentro Internacional de Poetas en la Amazonía del Perú. "Por la Vida que es la Libertad").

Emprendo no sin temor la arriesgada tarea de navegar por las aguas inciertas de la literatura amazónica. Tan compleja como la encrucijada histórica, racial y cultural que la anima. Tan mágica y tan real como su universo de pueblos, bosques y ríos, donde sólo lo soñado tiene categoría de acontecimiento. Tan triste y tan frágil a la vez; pero tan triunfalista y retórica como sus epopeyas casi míticas, sus atrocidades que rozan lo satánico, sus alucinantes proezas donde no se puede definir la frontera entre lo real y lo ficticio. Será pobre, desvaída, formal y pretenciosa. Pero es, y, además, es nuestra, como el agua, los árboles y el aire azul de estas llanuras sin alivio.

De ella dijeron unos que nunca mereciera el título ni de literatura, por no rebasar los límites de lo anodino y mediocre; otros, que a su haber no tenía más que halagos al colonialismo; otros, que no recogía medularmente el genio inasible de lo amazónico que está más allá de cualquier objeto tangible. Pero ahí está, "pobre y soñadora a la vez. Formal y creadora. Grandilocuente e ingenua como la voz de un niño; realista y mágica. Dulcemente contaminada del embrujo de todos los misterios selváticos y de una larga agonía originada en siglos de explotación. Son nuestras propias palabras. Las palabras que han testimoniado cada trozo de tiempo. Las palabras que se impusieron a las susurrantes y doloridas voces indígenas con intención de destruirlas. Las que trajeron como gotas colgadas del yelmo los guerreros de hierro de España, como diría Neruda. Las que sembraron los misioneros... Las que relataron inverosímiles historias de sangre. Las que hoy levantan los profetas escritores como murallas en defensa de esta tierra de aguas y bosques ante el empuje del capitalismo apátrida." (SHUPIHUI, 19 (1981).

El primer paso de un análisis de tal naturaleza supone inventariar la amplia y dispersa producción literaria de más de un siglo. De otra manera nos perderíamos en la vana retórica del panegírico chauvinista provinciano. Así lo entendí hace dieciséis años y me impuse la disciplina de recoger de tanta soledad libros, revistas, artículos, poemarios y canciones. Fruto de este trabajo es el PERFIL BIBLIOGRAFICO DE LA LITERATURA EN LA AMAZONIA PERUANA (SHUPIHUI, 19 (1981) 339-374); ENSAYO DE BIBLIOGRAFÍA DE PUBLICACIONES PERIODICAS EN IQUITOS Y EN LA AMAZONIA PERUANA (AMAZONIA PERUANA, 5 (1980) 221-234) y FILMOGRAFIA DE LA AMAZONIA PERUANA (SHUPIHUI, 18 (1981) 223-236), que periódicamente se vienen actualizando. Falta mucho por hacer, sin embargo, y tengo la honesta impresión de que mis trabajos no son ni mucho menos la última palabra.

Un segundo momento supone la discriminación cronológica de autores y obras en su propio espacio, como hijos sumisos o rebeldes de las circunstancias que los envolvieron y de las fuentes de formación en que se alimentaron. Otros aspectos relacionados con la estética formal, el buen gusto, el equilibrio de los elementos constitutivos de la obra, interesan menos en esta ocasión, aunque también la estética y los códigos de valoración del arte, sean el metalenguaje inconsciente de determinados modelos de vida y concepción del mundo.

Mi cometido es investigar en qué medida la llamada literatura regional amazónica es evidencia expresiva de cada tiempo histórico, y reflejo de las vicisitudes y sueños de sus sociedades, que en poco más de un siglo han sido protagonistas de delirios de magnificencia desde la triste monotonía provinciana; de triunfos y derrotas tan fugaces como sus días.

Desde que en 1542 el dominico Gaspar de Carvajal relatara cargadas de febril fantasía las incidencias del descubrimiento del gran Río de las Amazonas hasta los últimos relatos transidos de realismo mágico de Vargas Llosa, o a los cuentos transparentes de Izquierdo Ríos, o a la osadía épica de Sangama, o a la nueva manera de interpretar su entorno del Movimiento Bubinzana, queriéndolo o sin quererlo, la literatura amazónica ha ido reflejando rigurosamente los vaivenes, sueños y fracasos, crímenes y misticismo de las diversas generaciones, lo mismo que el río lleva en sus entrañas reflejado el caminar de las nubes. Si en algo ha servido el estructuralismo y todas las corrientes posteriores que han tenido que ver con la semiótica ha sido para hacernos comprender que más allá del discurso formal, de lo que el autor ha pretendido decir conceptualmente, hay otro discurso más profundo que expresa, incluso con mayor claridad que lo gramaticalmente expresado, el universo que lo circunda. (SHUPIHUI, 19 (1983) 339-340).

Vivir, decía Ortega y Gasset, es intervenir en la marcha de los acontecimientos. E intervenir, es transformar. Si este razonamiento siempre tiene valor, mucho más en la Amazonía, agitada desde que se tiene memoria por hechos insólitos y afectada por cambios tan vertiginosos ajenos a ella misma como ha sido el extractivismo mercantilista y su ocaso, o la irrupción en escena del petróleo y sus impactos. "La ficción no es anterior ni superior a la realidad, como sostenía Oscar Wilde, escribe Mariátegui; ni la realidad es anterior o superior a la ficción como quería la escuela realista. Lo verdadero es que la ficción y la realidad se modifican recíprocamente. El arte se nutre de la vida y la vida se nutre del arte". (MARIATEGUI. El artista y la época. Lima, 1970, p. 186). En tales circunstancias toda crisis, transfiguración interna, conmoción, o conflicto de alcance social, no deja de sacudir una cultura, y, dentro de la cultura, las diversas formas del lenguaje expresivo (José Antonio MARAVALL. Cultura Historia y Desarrollo Social, en CHA, 395, 3305 ss).

Esto nos lleva a percibir un elemento antecedente a la lógica de una síntesis, o a la simbología que un determinado universo cultural pretenda pronunciar. Y que esta "virtud" invisible jamás puede situarse en los campos sin bandera de la neutralidad estética ante el rumbo de los hechos históricos. "En el fondo la verdad artística y la lucha social coinciden" (HAUSER, Arnold. Fundamentos de la Sociología del Arte, Guadarrama, Madrid, 1975, p. 163). El arte tiene, pues, necesariamente que tomar partido y asumir, quiéralo o no, el espacio en que se genera. Por otra parte la creación artística no solamente pretende representar, "sino persuadir" (Hauser, ib). "El arte no se limita nunca a ser expresión, sino también discurso; lo retórico es uno de sus elementos esenciales..." (HAUSER, ib. 161). Lo cual nos lleva inmediatamente a enfrentarnos con el problema de las ideologías.

ESTETICA, ARTE E IDEOLOGIA

Llevo muchos años preocupado por el armazón interno de ese difuso regionalismo que traspasa y entrevera todas las brisas amazónicas. Los proyectos locales, las efervescencias populares (a veces de ácido sabor y olor chauvinista), las conformaciones políticas sustentadas sobre la base de lo territorial geográfico o de lo territorial romántico, o de lo territorial económico, tienen una dudosa contextura y albergan en sus secretos túneles direcciones contrapuestas a lo que se enuncia. Es más, son una reproducción disfrazada de algún otro sistema. La misma inquietud ha tocado mi percepción del devenir cultural de Loreto, su arte, su literatura, y su arquitectura.

Aunque en esta mesa redonda nos referimos más específicamente a la litera-tura debo confesar que fue la arquitectura, lo que despertó en mí una hipótesis de interpretación del fenómeno artístico en la égida loretana. Esta hipótesis nos puede dar claves de comprensión de una historia que, a la distancia, aparece mitificada y legendaria, épica hasta lo olímpico. El imaginario popular crea ficciones que nunca sucedieron, deslumbrantes riquezas, avenidas empedradas con adoquines de oro, ríos apacibles y aristocracias decimonónicas reflejadas en el espejo del agua. Lo que había más allá, las condiciones de quienes producían ese esplendor, ni se advierten. Todo esto puedo haber sido verdad, porque así ha convenido al supremo Dios de la dominación cultural. Pero lo es en la medida que condensa, como en una partícula de energía, la narrativa de lo medular de sus aspiraciones más atávicas. La historia de nuestro pueblo ha sido cruda, sangrante, conflictiva, desgarrada y rota por huracanes encontrados. La elaboración dinámica de sus mitos corresponde más bien a la sublimación de trágicas frustraciones.

Algunos analistas advierten que la literatura en Loreto se orienta, desde la cumbre del movimiento BUBINZANA, hacia dos vertientes diferenciadas: los forasteros y los trocheros regionales. Es decir los que vieron desde metrópolis coloniales, o desde las alturas andinas, o desde las cúspides burocráticas de Lima, andar lejanísimamente los ríos, y dormir, eternamente encerradas en sí mismas, las sombras de los árboles; y los que hicieron lo mismo mirándose en las cochas o desangrando de látex los árboles, y manejando canoas a golpe de tangana. Son dos maneras, incluso geográficas, de contemplar la realidad. Dos distancias lejos y cerca. Dos reportajes topográficos: uno con teleobjetivo y otro con gran angular.

Intuyo que hay que buscar un corte transversal, si queremos utilizar las mismas imágenes. Trazar una línea que ubique a los que hicieron arte a partir de una inmersión en el paisaje y la cultura, desde el transfondo mítico, sobre todo indígena, de memoria casi infinita y en comunión con su hábitat; y la de los extractores furtivos de reflejos, los exportadores de la belleza prendida a este mundo, los admiradores desde un alto trono occidental de la maravilla que puede crear una gente y una tierra que consideran "interesantes" pero inferiores: es decir, quienes convierten estos mundos en ámbitos vacíos, embrujados y mágicos, que extraen la materia prima de todo lo inédito del paraíso de lo insólito. Es decir: se distancian para convertirlo en simple objeto de dominación.

Partamos del hecho de que todo cuanto se ha dicho y escrito, según los cánones de la estética formal, es bello, aunque romántico o fastuoso o trágico o evocador. Demos un paso más: detrás de la calidad estética y de las intenciones conscientes de los autores se da un discurso inconsciente. Y su lógica viene determinada por motivos que están fuera del arte mismo (HAUSER: 1975). "El enunciado más sencillo del arte es ya evocación, y, a menudo, violación. La mera denominación de un objeto que mueve al público a escuchar, observar y pensar es magia, magia de la palabra, del signo, del hechizo de las cosas y encantamiento de las personas" (HAUSER, Ib. 161). En tales condiciones, la expresión artística siempre encierra un mensaje de alguien que habla a alguien que escucha de parte de alguien que está detrás. La indiferencia o pasividad también refleja una actitud, es decir, "la conformidad de quien hace arte con las relaciones existentes" (Marx).

La ideología, pues, viene a ser como una propaganda sublimada pero oculta y capciosa. Los grupos que manejaron eternamente la Amazonía tuvieron siempre a su alrededor agentes que embellecieron las formas e idealizaron sus intereses y objetivos, su modo de vida, su ética y sus códigos de conducta. Aunque escritores y artistas no hayan hecho una apologética estructural, sí diseñaron apologías que fueron imponiéndose como arquetipos culturales: el cauchero, el pionero, la mujer fuerte enfrentando la tragedia, el filántropo generoso, la mujer generosa del patrón protegiendo a la indiada, el que hizo fortuna por propio empuje "imponiendo la civilización" no importa a qué costo, etc.

Lo que define una ideología no es sólo la pertenencia a una determinada clase. Los artistas asumieron con frecuencia la ideología de los amos. Lo importante son los ojos con que el artista mira y admira al mundo, que con frecuencia no son los suyos. (SHAKESPEARE, William. La Tempestad. Próspero y Calibán. Aguilar, 1958).

Vendría esto a definir los límites de esta exposición. No es el discurso histórico en cuanto sucesión de hechos, reflejados paralelamente en el discurso literario o en la elaboración de formas. Las ideologías son más bien fenómenos sociales "determinados por la pertenencia a una clase o a un grupo, y sólo en una medida menor constituyen manifestaciones históricas generales... La obra de arte individual se encuentra más estrechamente unida con los otros productos artísticos del mismo grupo social que con una idea general del arte como proceso total". (HAUSER: 1975)

Aunque la cronología convencionalmente clasificada en períodos de veinte años, supone una continuidad histórica, y un modo de seguir el paso de los acontecimientos, me sirvo de la clave ideológica para leer de un modo distinto la literatura amazónica y la cultura en que se encuadra. Las posiciones insobornables de Saldaña Roca en la primera época, de grandes insatisfacciones que cristalizaron en el movimiento insurreccional de Cervantes, tienen más proximidad ideológica que los relatos de Ciro Alegría y Arturo D. Hernández, aun cuando los primeros pertenezcan a tiempos distantes y conflictos diferentes y los segundos convivan en la misma etapa histórica y experimenten las mismas influencias estilísticas y de contextura.

Aún cuando haya una variable en el diseño arquitectónico y en el manejo de paramentos y molduras, balcones y arcos, hay siempre una intención implícita de "educar" al pueblo y de implantar modelos de belleza y armonía propios de una cultura que se impone, ya sea desde Londres, París, New York o Lima. "Yo soñaba con ser un poderoso extractor de goma elástica, nos dirá Humberto del Aguila, soñaba con esas ciudades lejanas: París, Madrid, Londres, Viena, Roma, Berlín...". (Humberto del Aguila. Cuentos amazónicos. Aguilar, Madrid, 1958. p. 161).

EL MISMO RIO PERO CON DISTINTA AGUA

LOS ANTECEDENTES

No hay distancias cuando median intereses. La historia de Iquitos coincide, e incluso se indentifica, con la expansión del capitalismo extractivo, dato que no se puede perder de vista en el análisis del proceso. Quince años antes de que la polis fuera ganando figura ya habían acoderado en la orilla del Amazonas buques con casco de fierro, y banderas de países fronterizos; y con ellos gentes de todo color y latitud en busca de fortuna. El avance industrial representado por el paradigma del acero y el cemento y por la aplicación de la energía al desarrollo automotriz, se extendió por las nuevas colonias como una hoguera, y quebró su silencio milenario. El sistema llegaba con toda su carga a cuestas para reproducirse vertiginosamente, succionar la riqueza, exportarla a las metrópolis, y dejar aquí nuevos patrones de conducta, calco fiel de la moda.

No llegaron en esta efervescencia artistas consagrados, ni arquitectos profesionales, ni músicos de escuela, ni escritores de academia. Pero tanto mejor. Los vectores de la nueva cultura fueron gentes aventureras sin otra meta explícita que su enriquecimiento. Las formas del lenguaje tienen un tono directo, ingenuo, fluido y sin artificios. Simplemente tomaban como modelo lo que por entonces estaba de moda más allá del Atlántico.

He hallado en el recorrido por las ruinas de antiguas bibliotecas las obras clásicas del movimiento de entonces: Stendhal, Flaubert, Dumas, Pérez Galdós, Balzac, Tolstoi, Dostoievski, etc.

En efecto, se inaugura una dialéctica entre el rigor deshumanizado de una sociedad industrial, devastadora, y la permanencia de un arte neoclásico o romántico o impresionista, que pretenden hallar en las fuentes del recuerdo de lo grecorromano no vivido el sustento de una identidad sin raíces sólidas.

Entre 1850 y 1880 (más de un cuarto de siglo) la "pequeña ranchería" de que nos habla Raimondi, despierta a los acordes de músicas, traídas por los primeros caucheros o desde la vieja Europa o desde las más próximas regiones andinas. Con unas y otras se produce una síntesis transfigurada, nace un nuevo modo de cultura elitista. Será en 1877 cuando aparezca un mínimo periódico que voceen los canillitas en el amanecer de la ciudad, bajo el nombre de Boletín Municipal. Es probable que resumiera sin más ambiciones estilísticas las incidencias localistas de un punto insignificante del universo donde vivían aislados poco más de dos millares de personas. La arquitectura va reproduciendo con exactitud los paramentos de barro y quincha, los balcones austeros de estilo castellano y extremeño vestidos de blanco y los patios interiores enlosados de cerámica, con arcos sencillos y bubinzanas en flor en los jardines.

La diferencia habida entre mecanicismo y humanismo se resolverá más adelante con el modernismo, una lucha sin tregua por la conquista de la libertad, una protesta contra la eliminación de lo humano. Si a esto añadimos la nostalgia, en una tierra hostil y fascinante (nostalgia de la casa solariega, nostalgia de otros mundos, nostalgia de afecto, nostalgia de la utopía imposible, etc.) hallaremos la razón del por qué el modernismo tardío dejó en la literatura clásica amazónica cierta herida de romanticismo. Esta actitud explica que haya habido una constante fuga de la realidad objetiva, en busca de la fascinación de lo irreal y vaporoso tal y como se presenta en el romanticismo europeo, pero con distintos objetos motivadores. Semejante miopía impidió descubrir que no hay más fantasía que lo real, y que la realidad viva supera infinitamente a la ficción (HAUSER: III 250).

1880-1900: EL MITO DE LA TIERRA PROMETIDA

Pasaron las primeras emergencias, la vorágine extractiva que en un principio lleva el signo de lo fugaz y precipitado. Tiene lo que podemos llamar una sicología de campamento. Tiende poco a poco a organizarse en un modelo de cultura de transplante. Iquitos toma perfil urbano: la música del romanticismo clásico ocupa las veladas sin tiempo de la noches tropicales, y menudea una arquitectura de apariencia neoclásica serena, en que se acumulan los órdenes, arcos, cornisas y pilastras, y es embellecida por los rimeros azulejos de tonos sobrios azulados de Delft o Talavera. A pesar de la natural deformación de las reproducciones, es el otro lado del mar quien se traslada aquí como señuelo de la burguesía regional naciente.

La literatura no deja aún de ser emergente. A través de una prensa localista, de mentideros y tertulias en el lento transcurrir de las horas y los días, se propone un proyecto de comunicación interna, para posibilitar una sistematización de la convivencia ciudadana. Es un periodismo que se desarrolla de espaldas al movimiento cauchero y sus consecuencias sociales: le importa la ciudad. Las aventuras de Fitzcarrald por el Alto Ucayali son para aquella generación verdaderas epopeyas. Nada del mundo indígena, ni del costo sangriento de aquella "acción civilizadora"; nada del sometimiento de millares de indios, ni de la depredación irreversible de la naturaleza. Iquitos es una ciudad dominadora y central que goza, usufructúa: sólo piensa en sí misma. Hay corridas de toros en la esquina de las calles Pastaza y Próspero, orquestinas románticas, conciliábulos de los "cultos" comentando los avances de la ciencia o las últimas novedades literarias de moda que dejó aquí algún buque venido de Liverpool o Cádiz. Las formas son ampulosas, solemnes. El arte se impone como compensación gratificante a tanta fatiga, como una vaporosa nube que oculta la realidad.

Detrás de sus aspiraciones, la clase dominante, que se siente la única capaz de liderar la marcha hacia la "modernidad", alienta el mito de una ciudad opulenta, bella como una acuarela de colorido en medio del paisaje verde. Es la versión en la agitada mente de los blancos y mestizos de los viejos idilios en busca de El Dorado fantástico. Importa poco el precio. Amasar el mito, esclarecerlo, embellecerlo, ofrecerlo reluciente, transformarlo en imagen para educar al pueblo, es misión del arte. A duras penas algo más.

La carencia de adecuadas fuentes históricas hace que ignoremos la posición de los nacientes medios de difusión con relación a los movimientos de corte federalista de 1896 y 1898 que conmovieron a la sociedad local. Es probable que ya despuntase como temática cierta desazón por la marginación en que se sentía sumida esta tierra de nadie. Este leit motiv va a repiquetear obsesivamente en la "inconsciente consciencia" de la colectividad amazónica, no siempre segura del destino final de las luchas regionalistas. Hasta hoy perduran las mismas inquietudes, como si formasen parte substancial de la estructura interna de los hombres de esta tierra.

1900-1920: EXALTACION Y RUINA DEL GRAN IDOLO

El caucho sembró el delirio en millares de mentes, y los buques llegaron roncos rompiendo la calma de estos mundos hasta ese momento imperturbables. Los indígenas hubieron de morirse al paso de la "nueva civilización del hierro", del mismo hierro que comenzó a orlar con filigranas enrejados y balcones las casonas de Iquitos. Hubieron de vestirse calzas de lino y estameña, caminar descalzos sobre candentes adoquines de piedra, defender su cabeza nada menos que del cielo con sombreros de Borja. A comienzos de esta década la capital de Loreto alcanzaba una población aproximada de 7,000 habitantes. La pequeña burguesía local ejercía un implacable control de los vehículos de la cultura. Vanos son los empeños de algunos sectores de la prensa por liberarse de la presencia omnipotente de las grandes firmas caucheras. Saldaña Roca, el juez Valcárcel, y otros que conmocionaron los cimientos de los grandes oligopolios son apenas voces excepcionales. La literatura navega apaciblemente por el folklorismo selvático, el patriotismo formal o el regionalismo chauvinista, que habrá de tener, con ligeras variaciones, largo suceso. Pero no se escucha el misterio de la Amazonía, ni las voces dolidas que llegan de las estradas del Napo, Ucayali y Putumayo.

Esta época consolida y, hasta cierto punto, restaura y reinterpreta el movimiento artístico europeo. Con el comienzo del siglo se celebran las primeras sesiones de cine en la Casa de Fierro y en el Alhambra. El diminuto tren liliputiense serpentea en el breve circuito de la plaza, donde la clase pudiente pasea los domingos vestida de casimir inglés, sombreros de jipi-japa y encajes de Holanda sobre sutiles cuerpos de mujer. Una confusa mezcla de romanticismo añejo con modernidad, una extraña combinación de suntuosidad de nuevos ricos con formas de la más rancia nobleza.

En la arquitectura, el Art Nouveau estalla con toda su brillantez quebrando las intenciones rígidas del mercantilismo industrial. Paramentos abrillantados por azulejos de Portugal y Manises por donde el color resbala graciosamente hacia la altura, tratando de confundirse con el paisaje; alargados ventanales con arcos de medio punto bordeados de blancas molduras, y nuevas versiones de los órdenes clásicos; balcones espaciosos mirando a la inmensidad del río; variadas cornisas y enrejados en forja que parecen extraídos del bosque. De lejos viene todo, pero existe una decidida voluntad de hacerlo propio y de afianzar para siempre la "polis". Probablemente sea el diseño de formas arquitectónicas la fuerza de penetración más poderosa en la emergente sociedad.

Del diez al veinte se enciende la mecha que en pocos años pondrá a la región al borde del estallido. Quince mil habitantes poco a poco se polarizan en dos posiciones antagónicas frente al problema regional: la Liga Loretana y la Cueva. Ambas banderas rivalizan acremente en el campo del honor de la prensa, con una suerte de literatura fulgurante y fugaz que compromete ensayos, versos, comentarios y apotegmas, con frecuencia cargados de virulencia. Se abandona el lirismo de importación y la estética puramente formal, por una prosa agresiva no exenta de imaginación, y ya influenciada por los iconoclastas de la generación de González Prada y el Tunante Gamarra. Hay fiebre por decir, hablar, discutir. Como si el acontecer diario fuese material suficiente para la batalla de palabras. Llenan mañana y tarde las cortas avenidas de este pueblo hojas llenas de ironía, sátira lacerante, pero con una entonación clasicista y no sin cierta elegancia. Sus títulos lo dicen: La Felpa, El Latero, Isangui, La Turbonada (Liga), La Cueva, Casos y Cosas, El Mosquito, La Jeringa, Gedeón, El Martillo, El Quijote, etc. Pocas y muy deterioradas muestras quedan de esta producción, casi única en nuestra historia, de talante claro, decidido, luchador, insobornable. Aunque alarga el ocaso de los efímeros días de esplendor, sale a escena el desasosiego de las clases populares que comienzan a organizarse, y se transfiere a la esfera de las luchas políticas, en las campañas electorales del 1919.

La arquitectura se decanta y adapta a las críticas condiciones económicas, esforzándose por mantenerse enhiesta en su rigor clásico. No llegan los azulejos cargados del brillo del mediterráneo, ni se colocan barandas de fierro foliado en los balcones, ni rejas en los arcos. Pero se alzan esbeltos frontones neoclásicos y cobran fuerza las molduras de estuco que dan un tono de elegancia y dignidad a las fachadas. Un ansia de seguir siendo habiendo sido. Es nuestro romanticismo, entreverado de angustias, pobreza, frustraciones, quiebras y sobresaltos.

Arnaldo Reátegui y Cesareo Mosquera comienzan por estos años a captar en celuloide la pálida imagen de gentes y cosas decadentes. Antes se importaban de París los films de Meliés, como El hombre mosca, El sueño del astrónomo, 20,000 leguas de viaje submarino, Jack el desollinador, etc. Se trata ahora de reproducir en celuloide los planos de la realidad local. ¿Qué habrá sucedido en la gente cuando no son historias venidas de otros mundos las que se narran, sino que se comienza a revivir en todo su movimiento ficticio la apariencia de lo inmediato y tangible: la ciudad, la gente, el paisaje? Seguro que para la gente tuvo el mismo impacto que en el 69 tuvo la llegada del hombre a la luna.

1920 - 1940: UN LENGUAJE CONGELADO CON EL TIEMPO

La crisis dejó de ser transitoria y se convirtió en endemia. Los clásicos conflictos entre centralistas y regionalistas se disuelven en un difuso proyecto común de defensa nacional. La década del 20 despierta con una insurrección de grandes proporciones, y recoge los cabos sueltos del descontento que desde años atrás se venían trenzando. Los ideales cervanteros entusiasman a los noveles escritores y periodistas de Iquitos. Luego viene la triste desmembración de Leticia; de nuevo otra insurrección acaudillada por Tejero; la Guerra con Colombia, y, entremezclados, se insinúan los problemas sindicales a los que el Partido Aprista vino a dar cauce y organización. Estos temas recorren las páginas de los diarios ungidos de fervor patrio; la toma de Leticia, las organizaciones de apoyo a los aguerridos loretanos, el desgaste del régimen de Leguía, unido a los murmullos que de Lima llegaban con esporádicos viajeros destacados por el Estado para el ejercicio de funciones políticas, militares o burocráticas.

La cinematografía acrecienta su influjo. Las películas traen imágenes de Hollywood, con el imperio transnacional de la dominación americana. Un leve vistazo a los periódicos lo demuestra. Es el símbolo del ocaso del imperialismo inglés y europeo. Por otra parte, continúa una intención de registro del acontecer diario. Wong se dedica desde el 30 a grabar los acontecimientos más salientes de la ciudad que ya entonces contaba con más de 30,000 habitantes. En 1936, con gran despliegue de propaganda y la euforia unánime de la ciudadanía se estrena el largometraje BAJO EL SOL DE LORETO que bien puede considerarse como el recuento de los ideales de toda una generación. En ella se conjuntan plástica, literatura, música y cinematografía, para moldear de un modo artesano y naif, de transparente sinceridad, el modelo de aspiraciones sociales que dinamizaban la ya madura cultura urbana. En rigor no puede separarse este hito de los comienzos de los cuarenta, que por razones metodológicas incoan un tiempo distinto. Su temática romántica ("la hermosura del sol de Loreto"), la interpretación de la mujer casi inanimada ("mística flor del paraíso"), el hidalgo cauchero gentil y generoso, y los manejos amanerados de la cámara en atardeceres lánguidos, contrastes de negro y gris, de luz y sombra en nubes y reflejos de agua, etc., son, sin duda, los más constantes de esa narrativa, tanto años atrás como lo había de ser en el futuro inmediato.

Fernando Romero con sus 12 Novelas de la Selva (1934), Burga Freitas con la primera edición de Ayahuasca (1935), Izquierdo Ríos con Ande y Selva (1939) anticipan ya la eclosión de la narrativa amazónica aglutinada en torno a Trocha poco más adelante.

Entre tanto (1935) Ciro Alegría sorprende con La Serpiente de Oro, que introduce con una valentía y vigor fuera de las corrientes de su época el tema de la Ceja de Selva, planteando una crítica radical a las relaciones sociales, y anuncia como tormenta que viene la proximidad de una aurora: la Selva:

"Con la picazón de la selva adentro, el ingeniero parte hacia las cumbres apenas revienta el nuevo día. Ha de ir hasta la cima de aquel cerro que difícilmente se distingue entre un retaceado rebozo de nubes, para contemplar la región y trazar sus planes... Ha mirado hacia allá, hacia el Oriente, y se ha ido poniendo de pie tomado por una impresión sobrecogedora. Hacia allá, hacia el oriente, mal oculto por hilachas de nubes, hay un mar negro cuyo fin no se distingue..." Y en otro pasaje gritará con ansiedad: "La serpiente de oro, la serpiente de oro"...

1940 - 1960: SEÑORIO Y SERVIDUMBRE DE LA ERA DE TROCHA

Pocos gritos perturbaron la languidez de un siglo. No cambiaron en esencia los modos de vida. Como estática quedó la estructura económica cuando la sangre de los árboles dejó de tener precio como si un golpe cósmico hubiera convertido la historia en estatua de sal. Muchos años de estar, de fluir simplemente. Ni un profeta apenas. El cuarenta comienza con el mismo color que el 30, y el treinta fluyó como el veinte, y el veinte fue gemelo del diez. Difícilmente se dan diferencias visibles en los relatos que salvo en su intencionalidad temática, parecen atemporales, uniformes.

Mas repentinamente estalla un movimiento que aglutina gentes de toda edad que quieren pronunciarse públicamente y abrir algún camino a golpe de machete en la maraña apesadumbrada de los años amazónicos. Izquierdo Ríos es el abanderado de la causa y con él avanza triunfante una pléyade de jóvenes cuyo entusiasmo se siente en versos, cuentos, relatos cortos, composiciones escolares, piezas teatrales, y pequeñas historias costumbristas. La revista TROCHA duró poco, pero su llama sagrada se prolongó muchos años, e, incluso, llegó a propagarse en ocasiones por el suelo nacional.

¿Qué tiempos amasaban tal literatura? o, ¿qué literatura interpelaba a tales tiempos? La época de integración de la Selva Baja a la vida nacional quedó marcada por el colonialismo interno. Entre Iquitos y Pucallpa se establecen vínculos comerciales. Opera el hilo telefónico. Se abren nuevas carreteras. Las frecuencias aéreas se incrementan y la presencia enmarañada de la administración del Estado hace que vayan perdiendo nervio los mecanismos de comunicación interna. Aparecen arrolladoramente los periódicos nacionales que restan significación a la modesta prensa local, y desplazan las preocupaciones de antes.

Poco más adelante (1942), cuando se impusieron los medios de comunicación hablada, se precipitó el debilitamiento de la cultura regional como esfuerzo por construir la identidad. La radio, en manos de la mediocridad inmediata de la clase comercial, expandió por los llanos amazónicos como malsana polución una seudocultura alienante y desmovilizadora. La ignorancia, la improvisación y el elogio desbordado a quien mejor pagaba cobraron carta académica.

Sin embargo la semilla de Trocha permanece. Desde distintos puntos del país sus escritores siguen fijados a sus postulados originales, tratando de reproducir cuanto llevaron en la retina de su ojos y en el alma empapada de la imagen de la tierra remota.

Así como el movimiento Bubinzana, veinte años más tarde, tiene en la poesía su "arma cargada de futuro", la generación de Trocha es de raigambre más bien narrativa. Cuentos, descripciones paisajístas, reducidas novelas, versos hasta de osado aliento que en realidad son verdaderos relatos. El punto de partida naturalmente es la interpretación del cosmos amazónico traída de tiempos anteriores: nada substancialmente nuevo se añade a las viejas versiones regionalistas o filoamazónicas. Pero alcanza proporciones extensivamente mayores y tiene una secreta intención de resistencia a la depredación colonialista que se vislumbra en el horizonte. Lima llega a la Selva en son de conquista, arrogante, arrolladora, menospreciando las formas y estereotipos culturales provincianos. Los periódicos, la nueva arquitectura, y otros factores obligan a nuestros escritores a aglutinarse en torno a una revista que apenas tuvo un año de vida. Quizá por eso Trocha no llegó a ser una revolución, sino un respetable esfuerzo. Por ese fatal designio centralista que acaba siempre haciendo extranjeros en su propio país a los que piensan y tapando sus voces con el canto de sirena de la Metrópoli, en Lima vivió y murió la casi totalidad de los epígonos de esta era. Es lógico que su lectura amazónica a la postre fuese un haz de recuerdos y ensoñaciones fantásticas, más fiel al pasado romántico que al devenir actual. Más preocupado por alimentar las fantasías de los lectores limeños que por transformar la realidad que les vio nacer desde una nueva hermenéutica.

Larga y copiosa es la caravana de quienes desde la nada, sin medios ni formación académica, comenzaron una corriente sólida, bien intencionada y llena de amor por el terruño. Dije al principio que no era mi propósito analizar la obra de nuestros clásicos desde el ángulo estilístico, sino más bien del lado del ensamble con el discurso de la historia tal y como se ha venido revelando en tiempos paralelos. He tratado de estudiar la estructura interna de los relatos y encuentro una serie de elementos arquetípicos que se repiten casi matemáticamente. Proponen determinados tipos de sociedad y subliman de alguna manera las dolorosas llagas que desde siempre han sido el patrimonio más inseparable de la región. Apunto algunos rasgos que pueden ayudar a comprenderlo:

1.- Los relatos están hechos para la exportación. Tienen voluntad de proyectar la Selva al ámbito nacional y/o internacional, y, muy escasamente, retornan sobre el mismo pueblo. Ello supone una actitud formal, y cierta proclividad a lo tremendista, fantástico, grandilocuente y convencional. Se quiere impresionar, persuadir.

2. Son relatos de carácter mestizo o blanco: los héroes pertenecen por lo general a esta doble extracción racial y cultural. El héroe es un superhombre: dueño de las cosas, bueno, trabajador, justiciero, hábil en el manejo humano, y en la actividad (dispara bien, toca la guitarra, es creador). Son "pioneros", gente de empresa, nada se les pone por delante.

3. Se supone que hay una cultura principal y centralista, a la cual todos debemos aspirar. Las culturas autóctonas son alucinantes, mágicas, hermosas, pero periféricas. El argumento siempre tiene que ver con la Capital porque o de allí viene el héroe o allá quiere llegar algún día cubierto de riqueza que es el único medio de conquistarla. El relator adopta la misma actitud extractiva de los personajes principales: busca elementos interesantes, llamativos, para venderlos a buen precio.

4. El indio a pesar de la diversidad de las denominaciones étnicas, viene a ser un ente genérico. En su ficción carece de identidad sólida. Es dócil; pone su sabiduría al servicio del patrón; y decora el conjunto como reconocimiento inconsciente de que sin él no es posible acercarse al misterio de la selva.

5. La mujer es una especie de nube incolora y etérea. Admira y se entrega desvalidamente al héroe. Es como una sombra; apenas se toca su presencia. Casi siempre es estéril, es decir, no aparece con hijos. Los niños no están. O pasan fugazmente. Como los indios, las mujeres carecen de personalidad definida, se les utiliza como material trágico para dar emoción al relato (se ahogan, mueren, son protagonistas de algún gesto valiente, etc).

6. Todo está lleno de recuerdos nostálgicos: recuerdos de la infancia, de la mujer amada, de la tierra perdida, de lo que se pudo llegar a ser y no fue.

7. El mito no importa como lenguaje colectivo de algún problema existencial y social. Es algo pintoresco y mediatizado. Pertenece al mundo de los otros. El relato procede de un intermediario mestizo, no indígena. El protagonista no comparte la experiencia, está en el balcón: o la admira, o la ríe, o la memoriza. Mas no se sumerge en ella. Es distante y ajeno, mero espectador.

8. El hombre en la familia, el Estado, el poder, son incuestionables. Si acaso hubiera autoridades incompetentes o abyectas, se considera fruto del acaso. Las leyes son buenas por ser leyes.

9. Un tremendismo fatalista fluye subterráneamente. Las cosas así son porque así deben ser. Solamente la "civilización" puede cambiarlas.

Cuando se fue dispersando la generación de Trocha, hubo quienes como Izquierdo Ríos retomaron los temas consuetudinarios y costumbristas, pero enriquecidos por perspectivas más radicales, de rebeldía y denuncia social. Su discurso logra transparencia y lucidez en su aproximación a la realidad social y cultural de los pueblos mestizos sobre todo del Departamento de San Martín. Pero es ajeno a lo medular del problema indígena.

Róger Rúmrrill ha dicho de él: "Izquierdo Ríos no sólo nos propone la menos exotista y tremendista visión de la realidad amazónica, tentación en la que sucumbieron muchos escritores de su misma generación, sino que en afán de huir de los monstruos de la antiliteratura a veces camina al borde del prosaismo. Sin embargo, su instinto de lo popular y su olfato y sensibilidad poéticas le salvan oportunamente" (SHUPIHUI, 19 (1981) p. 337).

Lástima que este instinto de pueblo no haya tenido en cuenta explícitamente, ni en él ni en su generación, al indio, dueño inmemorial de la Amazonía, y creador de una cultura milenaria, más rica y humanizada que la oficial. Este desconocimiento intencionado de la presencia del indio oculta el riesgo de llamar a la Selva "espacio vacío" para facilitar indiscriminadas formas de penetración extractiva, sucedidas en el último cuarto de siglo.

En la segunda mitad de la década de los cincuenta se oyen, leve pero muy definidamente, los primeros sones que anuncian la alborada de otro tiempo: son los poetas, que andan con su farolillo pobre a la "Búsqueda del Alba":

"Es entonces que busco con mis manos

con mi paso furtivo

con mi sudor cargado de cadenas

un canto de bondad y de esperanza nueva

un pedazo de tierra labradora

para tu reja triste.

Es entonces que busco a grandes voces

un amor colectivo para el trigo

una paloma blanca para la paz del hombre

una sonrisa dulce

permanente

para la seriedad de tus abrojos...

Quiero un paraguas grande

inalterable

para los niños de este mundo" (Germán Lequerica)

1960 - 1980: AL OLOR DE UNA FLOR: BUBINZANA.

La efímera literatura de transplante fue primero; vino más tarde la emergencia de la prensa local, agitada de fieras como una restinga en ejarbe; llegaron con proyectos de mayor envergadura los narradores de Trocha. Algún día habrían de llegar los profetas de su propia tierra: los poetas.

Alguien ha dicho, y la experiencia lo confirma, que solamente los poetas pueden imaginar los cambios. Poco antes de que Kohn Bendit liderando la generación del 68 dijera en Francia "la imaginación al poder", un grupo de jóvenes se propuso traer la revolución a las letras con la adarga de sus versos y el grito afilado de una voz, llena de indignación esperanzada.

Ni los convencionalismos regionales, ni el tremendismo clásico ni los folklorismos de épocas precedentes satisfacían a esta generación. Nuevos instrumentos de análisis y lectura económica y social, amén de las experiencias de lucha revolucionaria surgidas en otros pueblos, ayudaron a comprender los planos de la realidad tradicionalmente ocultos:

"... Descubrimos que el derecho es una palabra que los banqueros desterraron para siempre de nuestro diccionario; que los políticos ensucian sus zapatos con las páginas de cualquier constitución; que los gobiernos prometen sólo los mitos que los poetas inventan, que todo se envejece como las hojas que los niños esconden en sus viejos libros. Bueno, es hora de buscar la verdad, decía. Yo le seguía como un alucinado (RUMRRILL, Róger. Memorias desde un otoño, p. 67).

Esta versión no se entretiene en juegos de palabras ni en rítmicas de preceptiva. Padece la evidencia:

"La miseria tiene nombre

y apellido

en la barriada" (Pedro del Castillo)

Es el campesino que aguanta:

"Una boa sin fin es tu esperanza

ribereño bogando en el olvido

hambriento en un fronda sin bonanza

entre cantos de pájaros tú, amigo" (Humberto Morey)

Y habrá que preguntarse con ira reprimida:

"Cumpa, cumpa,

¿por qué tantas flores de miseria?

¿Por qué tendrías que ser tú el padrino de mi llanto?

¿Por qué otro enfermo día

echado en su tarde, bostezando sombra,

se durmió de hambre? (Teddy Bendayán).

Pero la imagen trágica no se resuelve desesperada en el fatalismo de lo absurdo. Rompe hacia el futuro, y espera, sueña:

"Algún día, Loreto,

bajo ese sol que ha sido tangente a mediodía

se oíra gritar un grito

esférico, solemne, como un juro! de mil voces

porque entre tú y el destino

morirán los abismos" (Raúl Hidalgo Morey).

La realidad amazónica es algo más que un drama labrado por cuatro siglos de dominación y espolio. Es una vida intensa, universal pujante, fecunda, aunque reprimida. Hombre, tierra, árboles, agua, forman un todo vegetal indisoluble. El indio tiene en su memoria mítica el secreto arcano de esta urdimbre de paisaje y humanidad, de cielo y tierra. Y habrá que hacerse indio para adentrarse en el mito. Y con el indio habrá que disolverse en el magma de este universo, en una suerte de panenteísmo cósmico que permita al hombre ser todo en todo, y nada se le mezquine.

"Aférrate a mis ramas, Narowé. Mi cuerpo de madera será el tuyo. Tuyas mis raíces. Y tuyo mi lenguaje infinito con el viento. Astíllame si quieres. Haz de mí la fogata que calienta los días y las noches de bohío. Húndeme todas las hachas de la tierra, pero nunca nos hieras con tu ausencia.

- Alguna vez fui río... Estuve en el país de las alturas y arribé al continente de las aguas. Pero quise a solas dialogar con la luna y las estrellas. Y aquí me tienes para siempre, exhibiendo en mi lacustre entraña la condecoración del firmamento. Oh, Narowé, si tú te quedas podrás echar en mí tus redes para recoger todos los astros!

- Son tuyos nuestros nidos, Naro-wé..."

(Javier Dávila Durand, Yara, p. 41-42).

Todo aquí es así. Como las hojas, o como la misma flor de la Bubinzana cuando se desprende del árbol. De repente eclosionamos, llenamos el firmamento de luz y luego nos apagamos. Así sucedió con este movimiento. No habló, sin embargo, de frustración, sino de cierta claudicación. Los entusiasmos primaverales, hervidos en noches de bohemia, no llegaron a cristalizar en una cohesión más orgánica y trabajada. Fue demasiado fugaz la llama poderosa, aunque perviva aún el calor en los rescoldos.

Bubinzana sincroniza con el gran proyecto de conquista de la región amazónica que convocó como alternativa de desarrollo Belaúnde Terry. Viene a ser una instintiva resistencia a la agresión disfrazada de Caperucita.

Sin embargo, es probable que en la década del 70 el ardor revolucionario de los poetas haya sufrido un rebase por los ideales insólitos que ofrecía al país el Gobierno Militar. El movimiento comenzó a dispersarse y a evaporarse el contorno de los primeros sueños:

"Acá somos los mismos, dirá Dávila Durand,

pero no somos los mismos.

Róger Rumrrill empaca al fin sus sueños

y se lleva de equipaje un pasaporte...

Yando partió primero. Se fue llevando

la cosmogonía de mi pueblo...

Juan Ojeda con Don Hélder Cámara

Y el amor en una esquina...

Y el Cholo. Ese Cholo Morey con quien

solíamos decirle pan, al pan; al vino,

vino, me dice que se va definitivamente

a ponerle una viga al ojo ajeno en su tierra.

¿Quién se queda aquí ahora, Juan Ojeda?

... ¿Quién, por Dios, Juan Ojeda, si no vuelven

me ayudará a construir la Casa de la Poesía?"

En los albores del 80, después de una soledad de 10 años, en que los movimientos literarios pasaron por una distancia del devenir histórico, se han ido acumulando materiales que parecieran en el futuro dar origen a una etapa fecunda cuyo rumbo no es fácil predecir. Los Coloquios sobre la Nueva Conquista de la Selva, organizados por el CETA, fueron un eje articulador durante cerca de una década, convocando a una nueva cruzada de resistencia desde la integración interdisciplinaria e interinstitucional. Intelectuales, científicos sociales y biofísicos, indígenas, políticos, dirigentes de base, cineastas, pintores, poetas, se encontraban para dar forma a una alternativa amazónica, donde el hombre y su cultura fueran eje y centro. Un rumbo que se abría promisorio, donde las letras jugarían un papel protagónico. Pero plantea preguntas de fondo que al paso de la experiencia concreta habrá que ir dilucidando.

DOS TENTATIVAS POR ENCONTRAR UNA VOZ

ORUGA Y URCUTUTU son dos movimientos paralelos, que buscan descifrar el enigma amazónico por caminos distintos: uno marcado más bien por la narrativa y, otro, por la poesía. El primero no ha llegado a producir una literatura de cierto aliento. Se limita, aunque con buen ejercicio y calidad, a relatos infantiles, y cuentos cortos, que tienen mejor oficio formal y emergen nuevos en el horizonte, encontrando su inspiración más medular en la eclosión multicolor de vida que puebla el espacio, como sus mismos nombres lo anticipan. Por su parte, la "poesía amazónica actual intimista, reminiscente, rabiosa, contestataria, erótica o iconoclasta, parece no haber encontrado aún un lenguaje propio que la distinga de la producción poética del resto del país. Sin embargo existen indicios que permiten afirmar que este lenguaje, aunque lentamente, ya se está gestando" (Santos Granero, Fernando. Poesía y Narrativa Amazónica Contemporánea. Edi. Oruga-Copal. Iquitos, 1991).

En general podemos decir que la literatura amazónica hoy pasa por un período de crisis e incertidumbre. Tantea pero no halla el camino. Con frecuencia evade su responsabilidad de ser un elemento de síntesis de las propuestas de otros lenguajes para adentrarse en la aventura de definir el sentido de lo amazónico. Hoy por hoy se va acomodando a lo que entiendo como una incorporación a la modernidad, desde una propuesta urbana que mira a la ruralidad ciertamente, pero de modo cargado de acentos intimistas y subjetivismo puro. Este individualismo vacilante e inseguro, que no se alimenta ni refresca en un debate conceptual y teórico permanente, a través de foros o revistas, viene produciendo como esporas decenas de iniciativas aleatorias que a ciegas pretenden el mismo fin sin dar con él.

AXIOMAS PARA SEGUIR CAMINANDO JUNTOS POR EL MISMO BOSQUE

El quehacer artístico es una aventura que se forja en el riesgo de la praxis sin descanso. Las declaraciones de principios nunca sirvieron de mucho al pueblo, ni los cánones del lenguaje han sido capaces de encarcelar el impulso vital de los hombres y las sociedades. La literatura amazónica tiene un cometido que cumplir en la coyuntura actual y no hay recetarios mágicos ni reflectores que puedan mandar la luz en un determinado sentido. Cuando la vida se momifica es porque dejó de serlo. Navegamos en una búsqueda desesperada de nuestro Dorado, de la expresión precisa que diga y transfigure nuestra doliente realidad. Esta profunda inarmonía nace en el desencuentro del hombre interior consigo mismo, con su sociedad, con su espacio, con su pasado mítico e histórico. Es aquí donde debemos buscar los fundamentos para construir un futuro mejor.

Me permito recomendar algún ajuar para esta larga travesía:

1. Volver a la narrativa en su sentido lingüístico más radical, entendida como la forma en que los seres humanos se representan en el origen cósmico, se definen como seres con un destino y un origen, un pasado, presente y futuro. Por medio de la narrativa se va creando conociendo el misterio de la vida, dándonos seguridad y asertividad de lo que somos y tenemos. En el caso de la literatura amazónica significa encontrarse con el alma de todos los pueblos, tocar su experiencia mística, sentir en la piel el temblor del abismo interior. Es dejarse transformar por ello y producir irreversiblemente nuevas formas culturales a partir de la raíz más profunda, hoy más que nunca amenazada.

2. ¿Es posible una literatura específicamente amazónica desde todas las diferencias nacionales o ecosistémicas? ¿Podemos acumular la rebeldía suficiente como para buscar, definir, labrar nuestro LOGOS? Si el espacio amazónico es el más grande y viviente del planeta, si mundos tan diferentes como el grecorromano han llegado a elaborar sus propios paradigmas imponiéndonos su percepción del mundo, ¿no estaremos en condiciones de hacer la aventura de comenzar a andar tras la utopía? ¿Cuál sería la utopía amazónica? ¿Qué puede ella aportar a la realización de un mundo fraterno y solidario? Tenemos todo el derecho y el deber de ser distintos, de ser lo que somos, de construir nuestra expresión, nuestro lenguaje, nuestra voz singular e irrepetible, por responsabilidad planetaria. Creo que esta mesa redonda es una primera aproximación desde la infinidad de cosas que nos unen, más allá del río.

3. Una de las luces para hallar la salida es abandonar la racionalidad cartesiana y asumir un lenguaje renovado, que involucre a todos los sentidos. Humberto Eco en la "La búsqueda de la lengua perfecta", reproduce un párrafo de la obra del teólogo Jakob Böhme (siglo XVII) Mysterium Magnum que dice así:

Cuando todos los pueblos hablaban una sola lengua, entonces se entendían, pero cuando ya no quisieron utilizar la lengua sensual, entonces perdieron el recto conocimiento, porque transfirieron los espíritus de la lengua sensual a una tosca forma exterior... Ahora ningún pueblo comprende ya el mensaje sensual, mientras que los pájaros del aire y los animales de los bosques se entienden perfectamente según sus cualidades. Los hombres deben darse cuenta de qué han sido privados y qué adquirirán cuando renazcan, ya no sobre esta tierra, sino en otro mundo espiritual. Todos los espíritus hablan entre sí un lenguaje sensual, no necesitan otro lenguaje, porque el suyo es el lenguaje de la Naturaleza".

Se trata de rescatar e incorporar un lenguaje sensual, que incluya los sentidos, que satisfaga los placeres de la razón y que rompa la separación entre el conocimiento intelectual y el sensorial. Solamente desde esta premisa será posible entrar en un discurso renovado de comprensión de lo amazónico. La exploración de nuevas formas de percibir la realidad ininterrumpidamente es tarea de los que tienen el oficio de la literatura, unidos interdisciplinariamente a todos los demás constructores de la sociedad, como científicos, campesinos, indígenas, artesanos, etc. (Vid. Wilches-Chaux. La letra con risa entra. Popayán, 1996). William Faulkner dijo a sus colegas en el discurso del Premio Nobel de 1949 "que han olvidado los problemas del corazón en conflicto consigo mismo, que es lo único que puede generar un buen escrito porque sólo se puede escribir sobre agonía y sudor". Y les pide "vaciar sus talleres de cualquier cosa que no sean las antiguas verdades del corazón, las viejas verdades universales (amor y honor y piedad y orgullo y compasión y sacrificio), sin las cuales cualquier relato es efímero y está condenado al fracaso. La voz del poeta no se debe limitar a la narración de la condición humana: puede ser una de sus capacidades, los pilares que la ayuden a resistir y a prevalecer". (DAMASIO, Antonio. El Error de Descartes. La razón de las emociones. Edit. Andrés Bello. Santiago de Chile, 1996).

4. Perdió sentido el extractivismo mercantil explotador de la riqueza amazónica, ni el arrancar de cuajo las imágenes para alimentar la voracidad esotérica de una sociedad que busca sensaciones nuevas. La realidad es mágica por el señorío que le da su condición de real.

5. Una literatura amazónica ha de ser la misma vida de la Amazonía, y la vida de los pueblos que guardan milenariamente la única sabiduría que le es propia y congruente y de otros que han ido llegando a esta "casa sin puertas". Sin entender al indio y su cultura, no tendremos la clave de acceso a otros grupos, y no podrá hacerse otra literatura que la de los reportajes sorprendentes que llenan las librerías del Primer Mundo. Una opción amazónica y, por ende, ha de estar en la base de cualquier tentativa de hallar formas y estilos creadores.

6. Unidad y complejidad son modos inseparables de la misma realidad. ¿Qué nos ha venido a separar después de muchos siglos, siendo así que cada grupo étnico vivía antes de la conquista unido por vínculos atávicos a los demás grupos que tenían marcadas diferencias superiores a las actuales? Betty J. Meggers dice a este propósito:

"Dada la magnitud de la región, la uniformidad de las características culturales básicas resulta impresionante. Estas incluyen las aldeas pequeñas y frecuentemente movidas, los límites territoriales permanentes y defendidos por sanciones sobrenaturales, la organización social igualitaria, la estabilidad demográfica, el conocimiento extenso de la biota, las múltiples variedades de los cultivos principales, la repartición obligatoria, especialmente de la caza, y las redes extensas de comercio que frecuentemente incluyen artículos de uso diario que pueden ser fabricados localmente. Esta uniformidad cultural contrasta con la heterogeneidad extrema de las distribuciones genética y lingüística" (BETTY J. MEGGERS. La Amazonía en vísperas del contacto europeo. En "Arqueología, antropología e historia en los Andes. Homenaje a María Rostworowski". IEP-BCRP. Lima, 1997).

Nos unen, pues, los mismos y aun superiores vínculos culturales. Pero, además, nos unen las mismas condiciones de colonialidad interna, nos unen las mismas vicisitudes en la búsqueda de caminos de autonomía política en el territorio nacional, nos unen inseparablemente las mismas amenazas de erosión de los suelos, desertificación de los bosques, arrasamiento de la vida y desintegración de las identidades en aras de un perverso desarrollo. ¿Qué falta para que todos hagamos una sola voz y afirmemos nuestra identidad común amazónica? La literatura no puede hacerse una vedette solitaria que navegue al margen de las demás disciplinas en este duro quehacer de construir gota sobre gota un desarrollo humano sostenible. Se relaciona con las ciencias pero va más allá de ellas. Se entrevera, se funde con ellas y las alienta e inspira. Nuestra voz debe ser una sola: neta, clara y compartida en la urdimbre de lo complejo. Aislarnos viene a ser añadir una isla más al archipiélago de propuestas que dividen y fragmentan la vida que por esencia es una y única. Tiene que emerger un nuevo paradigma, una nueva hermenéutica.

7. Las emergentes ciudades amazónicas reflejan con rigor las contradicciones de un sistema neoliberal que compulsivamente desplaza de sus territorios a los indígenas y campesinos en busca de la fascinación de un bienestar inalcanzable. En esta marginalidad se produce la anomia y el deterioro de los mínimos culturales, sociales y ambientales. ¿Qué aporta aquí nuestra imaginación creadora, nuestra capacidad de producir realidades utópicas nuevas, nuestra fuerza de ficción? Los niños de la calle, las niñas prostituídas, la drogadicción, la creciente delincuencia, ¿qué provocan en nuestro interior de hombres de letras?

Hacer literatura amazónica para el futuro, en una palabra, requiere aprehender la vida de la Amazonía, sumergirse y encarnarse en ella, para dejarse transfigurar por ella. Entonces nuestro lenguaje surtirá con la misma libertad y pureza con que caminan las quebradas más humildes hacia el Amazonas.

 

Iquitos, 08 de enero del 2005

 

INTERCULTURALIDAD,

SOCIEDADES MULTICULTURALES

Y EDUCACIÓN INTERCULTURAL

 

P. Joaquín García, OSA

CETA. Iquitos (Perú)

 

INTRODUCCIÓN

Parecía incontenible. La globalización irrumpió en la pequeña esfera terrestre con furia de tsunami, como una represa desbordada que arrasaba con cuantas barreras parcelaban el mundo. Desde sus comienzos anunciaban una homogeneización uniforme de cuanto era diferente. No había más remedio que rendirse ante la torren-cialidad incontenible de lo nuevo.

Esta era se remonta al fin de la Guerra Mundial y al nacimiento del llamado Desarrollo, que comenzó oficialmente un 20 de enero de 1949, cuando Harry Truman declaró en su discurso de investidura que el Hemisferio Sur era un mundo "subdesarrollado" (SACHS: 2-5). Era como decir que el Sur no tenía más que un solo destino, el suyo, el lineal, el mismo que han tenido que seguir los Estados que han alcanzado el supremo beneficio del bienestar.

Pero, al contrario de lo que pudiera suponerse, la realidad ha navegado por otros derroteros. Lo global ha sido solamente un velo que ha ocultado lo local, el misterio de la trascendencia de cada ser. Después de los descubrimientos de Max Planck, Einstein, Prigogine y otros físicos y matemáticos del siglo XX, la unidad se ha convertido en la complementación de lo complejo (MORIN: 1988-1993).

Pero en este tiempo el combate entre ambos polos ha devenido en feroz. Lo local aparentemente ha perdido la batalla. El modelo único de progreso que se ha consolidado a partir de la idea de que Estados Unidos es el ideal de la única libertad democrática posible, ha dado como resultado una dramática pérdida de la diversidad: arquitectura masificada, vestidos y alimentos en serie, objetos estereotipados para el hacer más fácil la vida; eclipse de los lenguajes, costumbres y gestos que han ido perdiendo la fuerza de su colorido original. La verdad es que en el fondo todos abrigamos algún secreto sueño de homogeneización, alentado por los tres Baales más tentadores: el Mercado, el Estado y la Ciencia. Publicistas, peritos y educadores han expandido su reino implacable erosionando con acidez corrosiva cualquier límite. El imaginario de las mayorías ha sido conquistado por este paradigma (SACHS: 5). Toda monocultura es estéril y, además, peligrosa. Ha privado a las alternativas culturales de generar su camino en el proceso de la industrialización y bien podemos decir que los últimos sesenta años ha empobrecido el potencial de una evolución madura de la sociedad. Lo que supervive diferente se enfrenta al gigante del desarrollo hegemónico. Es así como cualquier intervención en cualquier país del mundo se justifica en nombre del orden, de la disciplina. Tal ha sucedido con el mesianismo religioso de Bush y su banda.

INTERCULTURALIDAD Y DESARROLLO

La propuesta de Truman "aparece ahora como un disparate de proporciones planetarias" (SACHS: 4). En 1960 los países del Norte eran veinte veces más ricos que los del Sur; en 1980 lo eran cuarenta y seis veces. En el Sur no es posible la velocidad del Norte. Los países ricos se moverán más velozmente que los pobres, pero enredados en una degradación continua por el despliegue tecnológico que pretenden ofrecer la "obsolescencia competitiva", que va a un ritmo infinitamente superior al de la naturaleza.

Existe, pues, una sola racionalidad; el resto es rémora. Occidente ha arrasado con los dioses locales e impone valores centrados en un mundo que considera como un planisferio. Nada distinto ha sucedido tampoco después de la independencia de América. Los movimientos de Independencia han sido inspirados en la Ilustración, producto grecorromano por excelencia, y su proyecto de Estados-Nación. "Nuestro pasado fue Asia, nuestro futuro, América," decía Hegel. El colonialismo ha sido maestro en destruir genios, cortar centros neurálgicos, despojarles de los tesoros de su arcano. El arribo a las costas de América no fue un descubrimiento de lo nuevo, sino la interpretación de lo desconocido a partir de los arquetipos del imaginario de quienes llegaban (ENRIQUE DE GANDIA: 1929).

Mas no todo ha sido perdido. La memoria y la cultura vivas, la complejidad de experiencias del pasado que dan sentido y unidad al presente en función del futuro, son el único camino posible de consistencia y supervivencia humanas. Esta construcción se realiza en lugares concretos, en condiciones específicas irrigadas por el misterio de la comunión, en un sentimiento que nunca pierde el perfil de lo personal (GARCIA: 5).

En verdad todos los tiempos han sido testigos de diversas formas de existencia de las comunidades culturales. La mundialización económica y cultural cada vez más acusada conduce a una homogeneización; sin embargo siempre encuentra una respuesta en la conciencia cada vez mayor de heterogeneidad. Cada día pierde fuerza la idea de que el futuro Europa siga siendo de los Estados y destaca en el horizonte la Europa de las Nacionalidades. El Estado Leviatán se ha convertido en un monstruo que, lejos de aliviar, incrementará los niveles de marginalidad y pobreza. Se estrechan cada día más las posibilidades de mantener la identidad dentro del Estado-Nación, y no podremos identificarnos con un país y su autodefinición (CONFERENCIA INTERGUBERNAMENTAL SOBRE POLITICAS CULTURALES PARA EL DESARROLLO: 6).

Las dimensiones multiculturales, además de ser un imperativo ético, constituyen un imperativo profundamente utilitario. Los Estados que han aplicado políticas multiculturales han avanzado en la definición concreta de superación de la pobreza y en el hallazgo de modelos alternativos de desarrollo en el sentido más integral del término. Los Estados asimilacionistas, que no dejan lugar a prácticas culturales diferenciadas, a largo tiempo se ha ido enfrentando a conflictos internos de muy difícil solución. Ecuador, Perú y Bolivia, y la negritud y los Sin Tierra de Brasil, muestran crisis estructurales profundas, plagadas de desconfianza en las viejas formas de políticas de Estado que no corresponden a sus aspiraciones más sentidas.

La articulación de las distintas culturas es, pues, un factor positivo y determinante. Se trataría de integrar en un tejido intercultural todas las diferencias, y abrir un espacio ancho a la participación ciudadana. Pero no solamente en la dimensión de la tradición cultural sino en la articulación de las economías menores a las economías centrales. Es ahí donde la educación tiene una significación y un sentido que, de otro modo, serviría solo para integrar al sistema dominante a niños y jóvenes (CONFERENCIA INTERGUBERNAMENTAL SOBRE POLÍTICAS CULTURA-LES PARA EL DESARROLLO: 6 ss).

A partir de la década de los treinta estaban definidas las bases del pensamiento sistémico. Biología organicista, Gestalt, ecología, física cuántica y física nuclear han demostrado que todos los seres forman parte de una vida única que todo lo llena (DE DUVE: 1995). El descubrimiento del ADN y el ARN, base del código genético, ha dado una fundamentación de tal alcance a este paradigma que se ha convertido en la piedra angular del pensamiento filosófico distante del esencialismo y de la abstracción especulativa. Estas teorías sostienen que las partes no tienen sentido por sí solas sino que forman conjuntos sin los que carecen de sentido. Separadas no sirven; juntas, todo lo pueden. Es decir, todo se caracteriza por su contextualidad. No se da en un patrón aislado, más bien es una red de relaciones: organismos, ecosistemas y sociedad: es una nueva comprensión de los vivientes, interconectados e interdependientes (CAPRA: 25). Humberto Maturana con su teoría de la autopoiesis (del griego auto, propio y poiesis, creación) ha pretendido demostrar que la estructura de los seres vivos es la manifestación física de su organización. "Se trata de una red de procesos de producción, en que la función de cada componente es participar en la producción o transformación de otros componentes. De este modo la red se hace a sí misma continuamente. Es producida por sus componentes y, a su vez, los produce. Es un sistema vivo, el producto de su operación en su propia organización" (CAPRA: 112).

2. HACIA UN NUEVO PARADIGMA

El pasado dejó de ser; el presente se ha evaporado; la mirada hay que ponerla en el futuro. Los exegetas traducen el texto del Génesis como "Yo soy el que seré" (Ex 3,14). Desde nuestra temporalidad Dios es el ser del futuro, el que se va revelando, el que trasciende el espacio y el tiempo. Küng divide la historia de la Iglesia en seis etapas paradigmáticas que van desde la interpretación de los Apóstoles hasta la emergente del ecumenismo, que vendría a ser la versión cristiana del mismo punto de partida de las diversidades que se interactúan y complementan (KÜNG: 1997).

En realidad los cambios que se han producido en la segunda mitad del siglo XX son tan profundos que han desencadenado una auténtica revolución. Lo que se ha producido no es una época de cambios sino un cambio de época, marcado a primera vista por tres revoluciones: 1. Revolución tecnológica y de la información que tienen en común su reduccionismo, estudian los objetos como si funcionaran como una máquina, y son dependientes de la ciencia para sus avances. 2. Revolución económica, originada en los años 70 a raíz de la subida del petróleo en el mercado mundial, que trae como consecuencia un nuevo régimen de acumulación y una nueva institucionalidad. Todo es reducido a un enfoque mercadológico y a mera competitividad. 3. Revolución sociocultural, que ha enfrentado las normas tradicionales y ha provocado a partir de los sesenta una profunda transformación de los presupuestos de la sociedad industrial del consumo. Feminismo, ambientalismo, contextualidad, derechos humanos, justicia étnica, etc., en contra de los valores tradicionales han tratado de reconstruir un mundo nuevo, que privilegia lo social, lo ecológico, lo ético como género, desarrollo sostenible, democracia participativa, cambio climático, cuestión indígena, devastación de la diversidad biológica y de la diversidad cultural. Esta revolución asume que otro mundo distinto es posible y necesario, desde una perspectiva contextual. La complejidad no puede reducirse a una de las dimensiones interdependientes de la realidad, ni el Desarrollo debe someterse a fórmulas o recetas universales, "porque en cada comunidad y cada sociedad el "desarrollo" es un experimento social permanente, cuyos problemas cambiantes son interpretados y (re) manejados de forma innovadora por cada nueva generación" (DE SOUZA SILVA: 4).

Se ha excluido sistemáticamente a indígenas, negros, mujeres, discapacitados y marginados, por pertenecer a una sociedad que exige determinadas condiciones económicas y sociales. Más aún si tenemos en cuenta que la finalidad de los Gobiernos y sus Constituciones no es otra que salvaguardar la propiedad. Desde las primeras Constituciones de América independiente hay una tendencia a consagrar fórmulas nuevas tendientes a promover la emergencia de sectores medios y criollos "cuyas ventajas y prerrogativas legales les permitieron acceder a la prosperidad en desmedro de la población indígena, libertos y antiguos esclavos" (URQUIETA: 19).

Esto nos hace pensar en la necesidad de cambios profundos en los sistemas no lineales. Illia Prigogine ha mostrado cómo las estructuras disipativas, es decir, los sistemas abiertos, cuestionan el sentido clásico del pensamiento lineal… "El tiempo no es un mero parámetro del movimiento interno de un mundo en permanente transformación y transfiguración: es el paso de niveles de desequilibrio a niveles más altos de equilibrio interior". (GARCIA: Vida Nueva, Nº 2.405, p. 26). El determinismo de Occidente le hace incapaz de percibir que en las diversidades puedan existir formas distintas de ser y solamente puedan ser útiles para el sistema mecanismos capaces de realizar una producción inmediata. La tragedia de nuestro tiempo consiste en que la naturaleza es cíclica, mientras que el desarrollo cartesiano-baconiano va en una sola dirección y reproduce el viejo esquema maniqueo de adelantados y atrasados, civilizados y salvajes, blancos y negros.

3. EL ECLIPSE DE LA INVESTIGACIÓN NO INTERACTIVA Y LA DIVERSIDAD COGNITIVA

El positivismo separó al investigador del objeto de la investigación, para evitar la contaminación de los resultados de la misma con sus valores e intereses. Separó también la investigación del objeto del contexto de la existencia para permitir el control de las variables. Comprendemos ahora sin embargo que no es posible separar el objeto del conocimiento de la interpretación personal, ni evitar la participación de una práctica que está sujeta a la influencia de valores e intereses humanos. La planificación en ese sentido no es en modo alguno neutral. Los avances científicos han demostrado fehacientemente que no son neutrales. El holocausto, la bomba atómica, el desastre de la revolución verde en la agricultura tropical bajo la premisa de que el conocimiento científico es universal y puede ser aplicado en cualquier contexto, demuestran que las relaciones entre ciencia, tecnología y sociedad deben estar impregnadas de un hondo contenido ético.

La ciencia ha creado la falsa expectativa de que la realidad es permanente, fija, estable, y que es posible seguir su funcionamiento con un alto grado de certeza. Los gerentes se dedicaron a la eficiencia: no necesitaban fijarse en el contexto. Se acabaron las certidumbres, y se abrieron los comportamientos no lineales, principal característica de los sistemas complejos. "El plan deja de ser un instrumento de control para ser un esfuerzo retrospectivo y prospectivo para reducir la incertidumbre inevitable. Ya no se debe intentar predecir el futuro, ya que el futuro no es único, sino intentar comprender las fuerzas y relaciones que se articulan para moldear escenarios futuros, posibles pero ninguno asegurado por participación. En resumen, planificar ya no implica predecir para controlar, como ha sido el caso bajo el antiguo paradigma ra-cionalista, sino comprender para transformar, como es el caso del paradigma constructivista emergente" (DE SOUZA: 10 ss).

El monopolismo logró imponer en el mundo su imperialismo científico, eliminando otras formas de conocimiento como la magia y la religión. Sin embargo no ha logrado solucionar los problemas derivados de otras áreas espirituales y mágicas, en fin, de las tecnologías tradicionales y otros conocimientos desplazados por la implantación de la ciencia positivista. Sin embargo ciencia, tecnología y sociedad tienden a ser replanteados. Todo cuanto se refiere a la recuperación de conocimientos de plantas medicinales y, en general, a los aspectos de la medicina sicosomática y comunitaria, elaboradas desde lo local, reivindican su derecho a la singularidad.

Si el siglo XXI se presenta como era del conocimiento, encontraremos que las experiencias, tecnologías y saberes indígenas son el fruto de hechos creativos de una memorial experimentación y concretos a lo largo de generaciones y que responden a los retos del medio en que se desarrollan. La infinita variedad y calidad de experiencias locales son utilizadas por un sistema neoliberal para su propio beneficio en vistosas vitrinas, que no reconocen ni la procedencia ni el modo como se lograron. Una economía a escala humana se enraíza en circuitos locales que se van articulando a circuitos más amplios con que interactúan como flujo sanguíneo.

Subsistencia, protección, afecto, entendimiento, participación, ocio, creación, identidad, libertad, vienen a construir un modelo de desarrollo humano, donde la cantidad de elementos son parte consustancial de todo hombre, pero los satisfactores dependen de las distintas culturas locales donde se desarrollan, pero siempre en-tendidas como un todo orgánico, simultáneo y sinérgico. (MAX-NEEF: 40-41)

4. EDUCACIÓN: ESCENARIOS POSIBLES

En semejante situación son posibles una serie de escenarios que quisiéramos detallar a continuación con especial énfasis en los aspectos de la formación pedagógica de la persona humana que es lo que nos congrega en este Congreso (Vid. DE SOUZA SILVA: 13-16):

A) En la visión cibernética del mundo nos encontramos con un escenario que refleja valores y compromisos de esta revolución, cuyas consecuencias podrían ser, en lo que atañe a la educación las siguientes:

- El mundo es una máquina.

- La realidad es objetiva e independiente de nuestra percepción.

- Lo importante es conocer las leyes naturales y sus mecanismos inmutables.

- El conocimiento de algo puede ser producido, transferido o absorbido.

- La EDUCACIÓN es un sistema para producir los recursos humanos y tecnológicos que la sociedad necesita para aumentar su eficiencia productiva.

- La UNIVERSIDAD es una máquina de producir profesionales, información y tecnología.

- La planificación es un instrumento para aumentar la eficiencia productiva.

- Los excluidos son ineficientes a la sociedad.

- Los profesionales son recursos humanos, piezas de engranaje organizacional.

B) Bajo la visión mercadológica del mundo emerge un escenario cuyas consecuencias en la educación serían:

- La realidad objetiva está representada por el mercado, por las leyes de la oferta y la demanda.

- El conocimiento es algo que puede ser producido, proveído, vendido y comprado.

- La educación es un sistema de reproducción de la lógica del mercado para contribuir a la mayor competitividad de la economía y a un desarrollo tecnológico de mejor calidad.

- La Universidad es un proveedor de capital intelectual, información y tecnología.

- Los excluidos son los no competitivos de la sociedad.

- La desigualdad social es natural, funcional y benéfica en las sociedades.

- El desarrollo es el crecimiento económico de las sociedades.

- La planificación es una herramienta estratégica para aumentar la competitividad.

- El objetivo de la planificación es promover el crecimiento económico, con calidad total, de forma competitiva.

C) Bajo la planificación para la sostenibilidad emergería un escenario donde se reflejan algunos de los siguientes valores:

- El mundo es una sola vida, es una entrada de diferentes formas de una misma vida.

- Nuestro entorno es cambiante porque refleja una transformación permanente en el diálogo entre nosotros y los demás actores sociales.

- Se puede cambiar el futuro imaginándolo, inventándolo, construyéndolo, creándolo y recreándolo siempre.

- La educación es un complejo proceso interactivo de intervención en la formación de todos los ciudadanos para la transformación de la sociedad.

- La Universidad es un espacio (no sólo un lugar) para la interacción crítica y creativa hacia la construcción de interpretaciones, propuestas, capacidades, etc. y hacia la formación de ciudadanos y ciudadanas preparados para contribuir activa, crítica y creativamente a la transformación de la sociedad y de sus realidades materiales, sociales, etc.

- La exclusión social emerge de relaciones asimétricas de poder en los procesos desiguales de producción, distribución y apropiación de información, riqueza y poder.

- Las preguntas sobre problemas de desarrollo no tienen una sino múltiples respuestas, todas dependientes de las diferentes percepciones de sus intérpretes.

- Los problemas del desarrollo son cambiantes y requieren interpretaciones y soluciones innovadoras a lo largo del tiempo.

- El objetivo de la planificación es promover mejores condiciones de vida, calidad de vida y nivel de vida para la sociedad y para las demás formas de vida

5. CONSTRUCTIVISMO Y EDUCACIÓN

La naturaleza de la enseñanza aprendizaje es, ante todo, una práctica social compleja con una función esencialmente socializadora. En esta perspectiva se definen los procesos de construcción del conocimiento contextualizados en la escuela y su entorno que integran todas las experiencias de la vida. Desde aquí son interpeladas las teorías del desarrollo. La educación escolar, como práctica social, cumple otras funciones relacionadas con la dinámica y funcionamiento de la sociedad en su conjunto, tanto en cuanto se abre a la creatividad o cuanto es instrumento de conservación o reproducción de un determinado orden social y económico existente, control ideológico, y ha pasado a ser guardería o estacionamiento de niños y jóvenes, o enmascaramiento del desempleo juvenil, etc.

El aprendizaje de saberes y formas incluidos en el currículum solamente pueden ser fuente de desarrollo personal en la medida que potencien el proceso de construcción de la identidad personal, es decir, cuando se sitúe personalmente de una manera creativa, constructiva y crítica en el contexto del que forma parte.

Este enfoque incluye la participación y el protagonismo del alumno, pero enfrentado a la tensión que se produce con los saberes elaborados de los profesores. Aquí se encuentra sometido a prueba el proceso del conocimiento de construcción en la escuela, donde se comprometen también sus dimensiones cognitivas, afectivas y emocionales. En esta relación entre los significados que construye el alumno y los significados que traspasan los contenidos escolares es donde comienza el proceso.

Estos aspectos deben concretarse en el conocimiento de cuanto atañe a la comunidad, donde se realizan las más profundas experiencias de todo aquello que pertenece al propio suelo, que les ayuda a tomar conciencia de sus circunstancias, tanto por la interiorización del contenido de los libros cuanto por la observación directa de la realidad. El maestro debe orientar a los alumnos a que contemplen su propia realidad y conozcan a la perfección su sociedad local o conjunto humano. Calles, plazas, alturas, hondona-das, deben graficarse en esquemas y planos bajo distintas formas y modalidades. Por otra parte la enseñanza aprendizaje desde la intimidad de la escuela hace que se interioricen las experiencias y se logre avanzar en la solución afectiva a los problemas que aquejen al conjunto social donde se encuentran. Para ello se necesita reconstruir la historia comunitaria desde la memoria oral de los mayores, identificar las distintas etapas por las q